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Carta de la Dirección General
Queridos
Laicos Misioneros de la Consolata,
"Id también vosotros. La llamada no se refiere únicamente a los pastores, sacerdotes, religiosos y religiosas, sino que va dirigida a todos: también los fieles laicos están llamados personalmente por el Señor, de quien reciben una misión para la Iglesia y para el mundo". (Christifideles laici 2)
La Misión os necesita también vosotros. La llamada-envío a la Misión es, de hecho, la vocación de todo bautizado y de toda comunidad cristiana. "Los fieles laicos, justamente porque son miembros de la iglesia, tienen la vocación y la misión de ser anunciadores del Evangelio: para esta labor están habilitados y comprometidos por los sacramentos de la iniciación cristiana y por los dones del espíritu Santo"(CL33). Es el bautismo que habéis recibido el que os da el "derecho-deber" de comprometeros, "para que el anuncio de la salvación sea conocido y recibido por todos los hombres, en todos los lugares"(Redemptoris Missio,71)
Ya desde los principios de su historia el Instituto tiene una larga tradición de colaboración con los laicos y ahora reconoce que el desarrollo actual del laicado misioneros, y las propuestas que habéis presentado, constituyen hoy un verdadero signo de los tiempos, al que hay que prestar oído. De lo contrario, como afirma el X Capítulo General, "se pasaría por alto un verdadero servicio misionero y se privaría de un precioso potencial para poner a disposición de la Misión". El Instituto por tanto reconoce y acoge con gozo vuestra vocación misionera laical, convencido de que vuestra presencia "exalta el valor del testimonio, refuerza la capacidad de colaboración y de vida de la Misión en la comunión y en la complementariedad".
El compromiso común por la Misión Ad Gentes constituye pues, un primer y fundamental vínculo de unión entre el Instituto y vosotros. Un vínculo que se refuerza y profundiza aún más por vuestro deseo de compartir directamente el carisma y la espiritualidad que nos dejó en herencia el Beato José Allamano.
Vemos en este deseo vuestro un ulterior don del Espíritu, que contribuye sabiamente para desplegar toda la riqueza del carisma, en la complementariedad de las diversas formas de vida, en una eclesiología de comunión.
En estos últimos años se ha intensificado la reflexión común y el diálogo sobre estas realidades. Juntos hemos buscado las formas y los modos mejores que nos permitan vivir la Misión con el mismo espíritu.
Creemos que haya llegado el momento de asumir con decisión, el Instituto y LMC, orientaciones concretas, que nos permitan poner en práctica el compromiso común por la Misión y por compartir el carisma y la espiritualidad del Beato José Allamano.
Os presentamos este documento que el Secretariado General para la Misión ha acompañado con empeño en sus varias fases de redacción. No pretende ser un Estatuto en el sentido jurídico del término. Es más bien una plataforma de salida que ofrece:
- Algunos elementos, muchos de los cuales han madurado junto a vosotros en la reflexión de estos últimos tiempos, y que consideramos indispensable conservar y promover, para que se pueda hablar de Laicos Misioneros "de la Consolata".
- Algunas orientaciones y sugerencias, simplemente a modo de ejemplo, para que vosotros mismos construyáis con responsabilidad vuestra organización y vuestro compromiso misionero, en el camino concreto que estáis recorriendo, en el contexto de las diferentes realidades socio culturales en que vivís.
Lo que si os prometemos es que a partir de esta base, el Instituto se compromete a acogeros, acompañaros, y a ayudaros a crecer, a sosteneros en todos los modos posibles, trabajando juntos para que la buena semilla que representáis llegue a ser una mies abundante de frutos, para el bien de la misión y del mundo.
Somos conscientes de que el camino por recorrer es todavía largo. Y deseamos recorrerlo juntos, IMC y LMC. El documento expresa el "sentir" del Instituto acerca de los principios que rigen su relaciones con los LMC; y convencidos de que tales principios se comparten en línea de máxima por vosotros mismos, pedimos que este documento se considere una plataforma común sobre la que apoyarse para iniciar el camino. Os invitamos ahora, Laicos Misioneros de la Consolata, a definir mejor, a nivel nacional, vuestra organización; a asumir (también oficialmente) el compromiso de LMC; a constituir las primeras comunidades locales LMC; a empezar al menos en forma embrionaria una organización nacional. Como fecha para alcanzar tales objetivos os sugerimos el 20 de junio de 2003, fiesta de María Consolata.
En un Congreso de LMC y Delegados IMC, cuya fecha se decidiría de mutuo acuerdo, se podrían confrontar eventuales discrepancias, o enriquecer aún más el texto que hoy os presentamos. Aquella fecha podría ser también la promulgación oficial del nacimiento de los LMC
Se considere el presente documento ad experimentum hasta el año 2005, cuando, con ocasión del capítulo general del IMC se podrá hacer una evaluación. La experiencia concreta será maestra de eventuales cambios y adaptaciones. El Señor bendiga todo esfuerzo y la buena voluntad de cada uno.
Confiamos este camino de compartir y de comunión que se nos presenta delante a la guía segura del Espíritu, primer agente de la Misión, a la materna protección de nuestra querida Consolata, y a la solicitud de aquél al que todos miramos como padre, el beato José Allamano.
P. Piero Trabucco, IMC
(Padre General)
P. Antonio Bellagamba, IMC
P. Norberto Ribeiro Louro, IMC
P. Aquiléo Fiorentini, IMC
P. Jean André Benedetti, IMC
Identidad y fin
1. El “laico misionero de la Consolata” (LMC) es una persona que en su deseo de responder a la llamada de Cristo, en el ámbito de su propia vocación laical, hace de la misión ad gentes una opción de vida, según el espíritu y el carisma que el beato José Allamano recibió de Dios y comparte el fin misionero del Instituto Misionero de la Consolata fundado por él .
2. La vocación del LMC tiene naturaleza propia y es complementaria con otras vocaciones en la Iglesia. Abraza todo el ámbito de su propia vida y no se limita solo a un determinado periodo de tiempo.. Debe ser sometida a un atento discernimiento. Implica un compromiso directo con la obra de la Evangelización de la Iglesia. Comporta un estilo de vida y un acorde testimonio.
3. La participación común del fin misionero, del carisma y de la espiritualidad del Beato José Allamano, constituye el vínculo que une a los LMC y al Instituto Misionero de la Consolata, IMC, con un sentido profundo de mutua cercanía, afectiva y efectiva, creando un espíritu de familia y una comunión que enriquecen a ambos. A raíz de los vínculos del carisma y de la espiritualidad, los LMC mantienen relaciones privilegiadas de comunión y colaboración con el IMC.
4. El fin que caracteriza a los LMC en la Iglesia es el de la Evangelización de los pueblos, partiendo de la vivencia común del carisma del Beato José Allamano. Todo ello viene realizado en comunión con el Instituto fundado por él y en las formas aprobadas por la Iglesia.
5. Para realizar este fin en la responsabilidad, justa autonomía y libertad de organización, los LMC se constituyan en “Asociación”. Esta forma, protege y profundiza la opción de vida de sus miembros y constituye su vínculo de unión que anima, coordina y realiza la tarea misionera en comunión y espíritu de familia.
6. La Asociación garantiza a cada LMC la posibilidad de realizar su propia vocación misionera, con un explicito “mandato misionero”: Éste se realiza en un compromiso total, temporal y directo del LMC en una actividad misionera concreta, en patria o en el extranjero, o con un compromiso responsable y permanente en el proyecto misionero de la comunidad local, de procedencia, del LMC. La Asociación organiza así, de forma autónoma, cada aspecto organizativo y operativo del compromiso misionero del LMC.
7. Los LMC busquen lo antes posible, como ayuda para la mejor realización del propio compromiso misionero, el reconocimiento oficial de la personalidad jurídica de la Asociación, al menos por parte de la sociedad civil. La Asociación está concebida como un organismo internacional, dividido en ramas nacionales.
8. Los LMC se rigen por los principios generales aquí expuestos. Las ramas nacionales se regirán por reglamentos propios, que adaptarán a la realidad local las modalidades y particularidades de vida concreta y de acción de los propios LMC.
Vínculos entre IMC y LMC
9. La eclesiología de comunión requiere que exista un respeto por la diversidad de vocaciones en la Iglesia y una acogida de la riqueza ofrecida por su complementariedad. La vocación del Misionero de la Consolata religioso y la del LMC son distintas pero complementarias. Los vínculos que existen entre los IMC y LMC no se pueden situar solo en el plano jurídico.
10. Los LMC y el IMC están unidos por auténticos vínculos constituidos por la vivencia común, verdadera y profunda, de la espiritualidad y el carisma del Beato José Allamano en la opción común por la Misión al gentes. Estos vínculos son profundos, hechos de mutua cercanía afectiva y efectiva, de ayuda mutua, de búsqueda concreta de la complementariedad de las vocaciones; están llamados a crecer y ayudarse en un auténtico espíritu de familia y en una comunión que enriquece a ambos. Tanto los Misioneros IMC como los LMC vean en la figura del Superior General del Instituto, su punto último de referencia, como garante de la comunión y la fidelidad al carisma original del P. Allamano.
11. Con el fin de garantizar concretamente los vínculos entre IMC y LMC, el Instituto designa a tal propósito, algunos Misionero de la Consolata con la tarea de:
- Ayudar de cerca a los LMC en el camino de asunción, profundización y realización laical del carisma y de la espiritualidad del beato José Allamano.
- Estimular una continua reflexión sobre la misión ad gentes y sus exigencias.
- Colaborar en la formación de nuevos candidatos al LMC
- Hacerse portavoz de la propuesta a los LMC de colaboración en obras concretas del IMC.
12. Con el fin de reforzar los vínculos con el IMC, los LMC tienen la tarea de:
- Acoger, profundizar y vivir el carisma del Beato José Allamano y su espiritualidad.
- Asumir las actitudes espirituales y misioneras que deben caracterizar a los que llevan el nombre de la Consolata.
- Realizar en modo personal y comunitario el fin misionero común.
- Colaborar, con modalidades decididas caso por caso, de común acuerdo con el IMC, en algunas obras misioneras.
13. Los vínculos entre IMC y LMC es claro que van construidos en la vida cotidiana, con relaciones humanas de verdadera amistad, ayuda mutua, el testimonio recíproco que enriquece, con el compartir frecuentemente momentos particulares de oración y de vida comunitaria, con el diálogo continuo y sincero y con un profundo respeto recíproco.
14. Los momentos privilegiados para asumir durante el año los vínculos comunes de Misión y de Carisma serán la celebración de la fiesta del Beato José Allamano (16 de Febrero) y la fiesta de la Consolata (20 Junio)
La organización del LMC
(Lo propuesto aquí tiene un valor puramente de sugerencia. Toca a los LMC definir concretamente su propia estructura y organización)
15. Los LMC tienen su propia autonomía y estructura organizativa y de dirección.
A nivel general
16. La asamblea general es la suprema autoridad del LMC. En ella participan los coordinadores Nacionales LMC y el delegado IMC. Su tarea es:
- Analizar la situación del LMC, a través de las relaciones presentadas por los Coordinadores Nacionales.
- Estudiar y tomar decisiones sobre temas, orientaciones, propuestas inherentes a la vida y misión del LMC.
- Examinar la situación económica de la Asociación y aprobar el balance del sexenio.
- Elegir al Coordinador General LMC
17. La Coordinadora General LMC está constituida por un numero de miembros elegidos por la Asamblea General y por un Delegado IMC nombrado por el Superior Regional. Se reúne con la frecuencia necesaria para desarrollar bien su propia labor.
18. La tarea de la Coordinadora General es:
- Dirigir la Asociación a nivel general y representar jurídicamente a los LMC.
- Coordinar y mantener los contratos con las coordinaciones Nacionales LMC en lo que respecta a la vida de la Asociación y el desarrollo de los proyectos misioneros
- Promover iniciativas de estudio y reflexión sobre temas y situaciones inherentes a la vida y misión de los LMC a nivel internacional.
- Administrar el fondo General LMC.
- Convocar la Asamblea General LMC con la presentación del orden del día.
19. El Delegado general IMC de los LMC tiene la tarea de:
- Asegurar la relación entre LMC e IMC en el ámbito de la Dirección General
- Facilitar la gestión de las iniciativas de los LMC principalmente las que se refieren a la colaboración entre LMC e IMC a nivel general sobre la corresponsabilidad del carisma, espiritualidad y fin misionero.
A nivel nacional
20. La asamblea Nacional es la máxima autoridad de los LMC a nivel nacional. Tienen derecho a participar en ella todos los miembros de la asociación. Viene convocada por el coordinador Nacional LMC e IMC con la frecuencia que la asamblea misma decida. Tarea de la Asamblea Nacional es:
- Elegir al Coordinador Nacional y los eventuales otros miembros de la Coordinadora Nacional
- Debatir temas o problemas de la coordinación Nacional
- Examinar el trabajo de la coordinación Nacional.
- Examinar la situación económica y aprobar el balance.
21. La coordinación Nacional LMC es el órgano directivo de los LMC a nivel Nacional. Forman parte de ella los miembros elegidos por la Asamblea misma y un Delegado IMC nombrado por el Superior Regional, con tareas análogas al Delegado IMC general. Se reúne con la frecuencia necesaria para el desarrollo de la propia tarea
22. La tarea de la Coordinadora Nacional LMC consiste en:
- Coordinar y asegurar las relaciones entre las diversas comunidades locales LMC y mantener las relaciones con la coordinadora general
- Representar en el aspecto jurídico y dirigir a los LMC de la Nación respectiva.
- Orientar, acompañar y coordinar los proyectos Misioneros de las comunidades locales LMC.
- Convocar la Asamblea Nacional.
A nivel local
23. La estructura de base de los LMC a nivel local es la ”comunidad local LMC”. Las comunidades locales LMC pueden asumir formas y organizaciones diversas, en base al reglamento Nacional y según las situaciones locales y personales de cada uno. La comunidad local es para los LMC el ámbito fundamental de referencia para vivir la propia fe y el propio compromiso por la misión ad gentes y en la cual profundizar, compartir y vivir con los demás LMC el carisma y la espiritualidad del Beato José Allamano en fraternidad y espíritu de familia.
24. La comunidad local LMC está animada por un coordinador, elegido por los miembros de la misma comunidad junto a un Misionero IMC, designado por el Superior Regional, con tareas análogas al delegado Nacional IMC.
25. En el ámbito de la comunidad local LMC, los miembros, de común acuerdo, se distribuyen las responsabilidades de realizar las siguientes tareas:
- Elaborar y realizar el proyecto de vida de la comunidad local LMC que comprende tambien el trabajo misionero explicito de la comunidad misma.
- Asegurar el acompañamiento y dirección espiritual.
- Acompañar el discernimiento: a)de aquellos que desean incorporarse como LMC; b) de los LMC que desean ser enviados a misiones.
- Mantener los contactos con la coordinadora Nacional LMC.
Estructuras físicas de los LMC
26. Los LMC utilizan normalmente como sede de sus reuniones y actividades, los locales en los centros o casas IMC que, de común acuerdo, vienen puestos a disposición. Esto favorece el compartir la vida, el carisma y la espiritualidad con los Misioneros. En el caso que los LMC vean la conveniencia de tener estructuras físicas propias y autónomas, la coordinadora Nacional estudiará la cosa y adoptará las decisiones oportunas.
Admisión de los miembros
27. Las condiciones y modalidades para la aceptación de nuevos miembros son:
- Una vocación personal a vivir la misión ad gentes según el carisma del Beato José Allamano.
- Un itinerario previo de formación que puede variar en su forma y en su duración según los lugares y las circunstancias, pero que debe llevar a la persona a un proceso de crecimiento humano, cristiano y misionero, orientándola hacia una opción vocacional misionera.
- Un periodo oportuno de discernimiento, llevado adelante por la persona misma con el acompañamiento de un LMC y/o de un misionero IMC.
- La aceptación de la petición de admisión por parte de la coordinadora local de LMC.
28. Es particularmente importante que antes de asumir la responsabilidad formal de participación, cada candidato a LMC transcurra un camino formativo cuya duración, modos y contenidos vendrán establecidos por cada coordinadora Nacional LMC. El coordinador de la comunidad local LMC y el delegado local IMC tienen la responsabilidad de acompañar este camino formativo y de asegurar la idoneidad de los candidatos antes de su admisión a la asociación, tomando en consideración eventuales circunstancias personales de cada candidato.
29. La admisión oficial de un miembro en la asociación se realiza a través de la asunción de una responsabilidad personal explicita, haciéndose en la forma concreta que cada coordinadora Nacional IMC escoja.
Separación de un LMC de la Asociación
30. Cuando un LMC, después de orar, haber sido aconsejado por una persona prudente, considera que no debe permanecer unido a la Asociación, lo comunique por escrito al coordinador local para tener la ratificación. Desde ese momento, será libre de las obligaciones asumidas y no goza tampoco de derechos.
31. En el caso que a juicio de la coordinadora local LMC, después de una madura reflexión y por razones graves, un LMC no fuera considerado en grado de pertenecer a la asociación, el coordinador local le comunique por escrito la decisión de dejar la asociación con la pérdida de los derechos y la liberación de sus responsabilidades.
El Proyecto de Vida de los LMC
32. La comunidad local LMC se da a sí misma una forma y un ritmo de encuentros de formación permanente, de fraternización, de oración, y programa el propio compromiso misionero según un Proyecto de Vida que la comunidad misma elabora anualmente. Las dimensiones de vida de los LMC que el Proyecto de Vida toma en consideración son las siguientes:
Formación permanente
33. Los LMC en los distintos niveles de su organización, elaboren y realicen un camino concreto de formación permanente que profundice los diversos aspectos de la opción de vida hecha, con contenidos, medios y métodos adecuados. Los primeros responsables de la propia formación permanente son los mismos LMC. El estilo de formación debe llevar a una síntesis vital entre contenidos, experiencia y responsabilidad concreta.
34. La formación permanente en las comunidades locales LMC está orientada a:
- favorecer el crecimiento de la persona.
- Hacer más vital la opción hecha de adhesión al carisma y a la espiritualidad del Beato José Allamano
- Crecer en la identidad misionera ad gentes y en la capacidad de realizarla en un estilo de vida concreto.
Espiritualidad
35. Los LMC se nutren de una espiritualidad adaptada a la opción de vida que eligen de acuerdo con su fin misionero ad gentes y con las enseñanzas espirituales del P. Allamano. Las comunidades locales LMC se comprometan a:
- Vivir los valores del Reino.
- Profundizar la espiritualidad misionera del P. Allamano.
- Reconocer el primado de Dios en la propia vida y la búsqueda de la santidad.
- Hacer de la Escritura su propio libro.
- Acoger la presencia de Maria modelo y guía, inspiradora y Madre.
36. Además del compromiso espiritual personal de cada LMC, la comunidad local LMC adopta los medios retenidos más idóneos para sostener, alimentar y hacer crecer la propia vida espiritual. Estos medios pueden ser: un ritmo periódico de oración comunitaria, la celebración de la Eucaristía en la comunidad, jornadas de retiro espiritual, ejercicios espirituales, momentos comunitarios de Lectio Divina, y otros momentos de estudio, profundización y puesta en común de la espiritualidad misionera. Es aconsejable que se comparta la vida espiritual y el acompañamiento reciproco entre las comunidades locales IMC y comunidades locales LMC.
Vida comunitaria
37. La fraternidad y la comunión en el contexto de la vida de cada comunidad local LMC son garantía de un anuncio eficaz del Evangelio y de un auténtico compromiso misionero.
38. Según las enseñanzas del P. Allamano, somos una familia en la que todos nos acogemos como hermanos, nos interesamos los unos por los otros y vivimos la Misión en comunión.(unitá d’intenti). Evitando cualquier forma de individualismo o personalismos haciendo propias las alegrías, sufrimientos y esperanzas de todos. Ésta es “como el alma y la vida del LMC”. Cada comunidad local LMC escoge la propia forma concreta de “vida comunitaria” y los medios más idóneos para manifestarla. Se busquen momentos y medios para tener una puesta en común entre comunidades locales LMC y comunidades locales IMC.
El Compromiso misionero de los LMC
39. El elemento esencial y constitutivo de la vocación del LMC es el compromiso por la Misión ad gentes. El Proyecto Misionero de la comunidad local LMC tiene particular importancia en cuanto concreta, de hecho, el mandato misionero dado a sus miembros. Cada comunidad local LMC estudie y discierna, elabore y realice con fidelidad el propio “Proyecto Misionero”.
40. El Proyecto Misionero comprende todas las dimensiones del compromiso misionero de la comunidad local LMC: desde el compromiso temporal en una obra misionera concreta, en patria o en el extranjero, hasta el compromiso misionero permanente de todos sus miembros. El Proyecto Misionero de cada comunidad local LMC debe:
- Someterse al discernimiento de la comunidad para asegurar su respuesta a los ámbitos de compromiso misionero propios del LMC.
- Ser aprobado, apoyado y coordinado por la Coordinadora Nacional LMC
- Ser articulado en una o más “actividad misionera concreta”.
- Ser realizado en patria o en el extranjero.
- De forma autónoma o en colaboración con el IMC u otros entes.
41. La comunidad local IMC nombra, entre sus miembros, un “responsable de proyectos” que acompaña la gestión práctica en cuanto a:
- Definición de la actividad y obra misionera concreta en términos de: objetivos, duración y personal LMC que se han de comprometer. Cada actividad va desarrollada según criterios de continuidad y realismo, para evitar que sea insostenible.
- Definición de los gastos inherentes al proyecto.
- Evaluación anual y acompañamiento del desarrollo de la actividad, como gestión de la misma desde el punto de vista del personal y de los gastos.
42. Es preferible que actividades misionera concretas de una cierta entidad sean estudiadas, asumidas y realizadas juntamente por varias comunidades locales LMC, especialmente si están cerca; en este caso, la responsabilidad de la dirección viene confiada a un grupo formado por un representante de cada comunidad involucrada y la revisión también la harán conjuntamente las comunidades comprometidas en el proyecto.
43. Los LMC busquen progresivamente su propia autonomía económica. Esto implica que cada comunidad local LMC está llamada en primera persona a sostener su propia actividad misionera, a través de la contribución de sus miembros, iniciativas concretas de recogida de donativos, la búsqueda de acceso a financiaciones públicas y privadas. Los IMC acompañan sostienen y ayudan a los LMC en este camino de búsqueda de autonomía económica.
44. Cada coordinadora nacional LMC busca y elige los medios y las formas más conformes a la situación socio-económica de sus LMC, para llegar a constituir, con la aportación de las comunidades locales LMC, un fondo laico Nacional. Esto ayuda a cubrir eventuales gastos imprevistos en la gestión de las actividades misioneras de las comunidades locales LMC de la Nación. La coordinadora Nacional administra directamente el fondo.
45. Cuando la actividad misionera de una comunidad local LMC se realiza en colaboración con otros entes, ya sea el IMC, una diócesis u otras instituciones eclesiales o civiles, los gastos se dividirán equitativamente . Los términos de esta división serán establecidos de común acuerdo entre los que participan en el proyecto, poniendo como base el grado de participación y responsabilidad.
46. La responsabilidad de una actividad misionera concreta puede pasar de una comunidad local LMC a otra, sobre todo en caso de un proyecto de larga duración, previo acuerdo entre las comunidades interesadas y con la aprobación de la coordinadora Nacional. Si las comunidades pertenecieran a naciones diversas, además de la aprobación de las coordinadoras nacionales se requeriría también la de la coordinadora General.
47. Los entes comprometidos en el sostenimiento de los gastos de una actividad misionera, hagan periódicamente una revisión común sea sobre la actividad misma que sobre la repartición de los gastos.
Proyectos Misioneros del LMC en colaboración con el IMC
48. Cuando la actividad misionera de las comunidades locales LMC prevea una colaboración temporal y directa con el IMC, en patria o en el extranjero, tal colaboración deberá realizarse de forma que garantice un desarrollo de las etapas siguientes:
- Propuesta de una colaboración temporal y directa por parte de los LMC en una actividad misionera concreta del IMC y/o petición del IMC a la coordinadora Nacional LMC de tal colaboración.
- Fase de discernimiento acerca de las personas LMC, que se vayan a implicar directamente en el proyecto de colaboración.
- Un adecuado camino formativo y de preparación inmediata de los LMC.
- Envío de los LMC a una actividad determinada o proyecto.
- Acompañamiento de los LMC y de la actividad en la que están implicados.
- Acogida de los LMC a su vuelta y reinserción en la comunidad local LMC
49. Las etapas de realización de una actividad misionera concreta en colaboración entre LMC e IMC van dirigidas por la Coordinadora Nacional LMC y por los Superiores Regionales IMC implicados en el proyecto con la ayuda de la Coordinadora General LMC.
50. El discernimiento de los laicos que vayan a llevar a cabo una actividad misionera concreta, se realiza por los mismos interesados junto con la Coordinadora Local, con ayuda de la Coordinadora Nacional. Cada rama nacional de los LMC establecerá los criterios de preparación, edad, madurez de la persona etc., a seguir en este discernimiento.
51. La preparación a la ida de los LMC se desarrolla en dos etapas:
- La primera, no inferior a un año de duración, está orientada a preparar a los LMC para una inserción positiva en la actividad misionera.
- La segunda, de duración no superior a seis meses, orientada a la preparación inmediata a su marcha.
52. El “acuerdo de colaboración” debe ser realizado por escrito, aceptado y firmado por los LMC implicados en el proyecto, por el Coordinador Nacional LMC y por el Superior Regional IMC interesados. Esta colaboración se regula en lo que se refiere a:
- Duración del compromiso.
- Los términos concretos de la colaboración
- La asistencia y el acompañamiento a los LMC implicados.
- El compartir los gastos
- La ayuda a los LMC al finalizar su compromiso
- Y cualquier otro aspecto que sea útil para la buena realización del proyecto.
53. El envío a misiones del LMC es un acontecimiento eclesial que se ha de celebrar dándole su debido relieve y solemnidad, haciendo participe a la Iglesia local.
54. La ayuda a los LMC por la duración del acuerdo de colaboración es llevada a cabo por la coordinadora nacional LMC de la que los LMC provienen, en colaboración con los Superiores IMC respectivos, según los términos estipulados en el acuerdo.
55. La vuelta a casa es el momento privilegiado para narrar las obras de Dios y las maravillas realizadas por el espíritu . A su vuelta, el LMC, junto con la propia comunidad local y la Coordinadora Nacional LMC:
- Hace una revisión de la experiencia misionera;
- Viene ayudado económicamente y moralmente en su inserción, sobre la base de las indicaciones del Reglamento Económico Nacional;
- Ofrece una colaboración directa a la Animación Misionera;
- Después de haber sido acogido de nuevo en la propia comunidad local, continuará la vida y los compromisos misioneros y colaborará especialmente en la Animación misionera y en la formación de otros LMC.
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