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La Dirección General de los Misioneros de la Consolata por decisión capitular, nos propone un bienio de estudio y profundización de la santidad de vida (XI CG0, 53-55). Desde la casa de formación Beato José Allamano en Caracas-Venezuela, queremos compartir con ustedes de que se trata tal propuesta y al mismo tiempo invitarles a vivir junto con todos nosotros este espíritu de santidad.
El punto de partida es la pregunta: ¿Que significa ser Santo? Para responder a este interrogante tendríamos que visitar las Sagradas Escrituras, los padres de la iglesia, los grandes místicos, teólogos y la vida del Padre José Allamano.
San Pablo nos dice: que ser santos es la plena configuración con Cristo ó nuestra Cristificación. Santo Tomas, la describe como la perfección de la caridad o la perfecta unidad con Dios por el amor. Santa Teresa, nos dice, que es la perfecta identificación y conformidad de nuestra voluntad humana con la voluntad de Dios; y el Beato José Allamano, la describe como la fuerza interior que nos aleja del mal, nos hace obrar el bien y dispone a lo más perfecto. Todas estas santas personalidades han propuesto su formula acerca de que significa ser santo, y todos coinciden en lo esencial, todas son verdad, todas expresan la misma realidad aunque contempladas desde diferentes puntos de vista. Lo cierto es que el llamado a la SANTIDAD es universal, esta alentadora verdad es lo que permitió y permite a todos, santos de otros tiempos y del nuestros a buscar la santidad de vida. La vocación universal a la santidad no admite dudas “sed perfectos, como vuestro padre celestial es perfecto” (Mt. 5,48), cuando Jesús propone la perfección de Dios Padre-Madre como modelo a sus discípulos y en consecuencia a todo cristiano. El no pone límite al ideal de la SANTIDAD, al que debemos orientarnos con todas nuestra fuerzas. Esta exigencia en definitiva es una nueva manifestación del primer mandamiento de la ley de Dios “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma con toda tu inteligencia, y con todas tus fuerzas” (Mt. 12,30).Vivir plenamente este mandato es vivir en la mas genuina y profunda santidad. Condición que no es solo para los consagrados, es también un llamado para todos: Misioneros (as), Laicos (as) Amigos(as) de la Consolata y vocacionados, en definitiva esta llamada es para todo el pueblo de Dios. Desde la doctrina del concilio Vaticano II, el capitulo V Lumengentium, que hace un llamado a la Santidad universal. Si Cristo, el hijo de Dios, quien con el padre y el espíritu santo es proclamado el único santo, ama a la iglesia como a su esposa, entregándose a si mismo por ella para santificarla; esta unión hace que la iglesia toda, lo mismo quienes pertenecen a la jerarquía, que los apacentados por ella, están llamados a la santidad lo cual es voluntad de Dios “En Cristo Dios nos eligió antes de que creara el mundo, para estar en su presencia SANTOS y sin manchas.”(Ef,1.12) La santidad esta a nuestro alcance, de lo contrario estaríamos obligados a aspirar a un imposible y Dios no nos ilusiona a aspirar a un imposible. ¿Como se puede entonces alcanzar la santidad?
La santidad no se obtiene por un momento como quien utiliza un perfume y después la fragancia se va, tampoco se obtiene para un momento de la vida, si el cristiano no hace nada por alcanzarla en plenitud faltaría a tres pilares fundamentales:
- A la gracia recibida en el bautismo, sacramento que da la fe, que nos hace hijos e hijas de Dios y miembros de la iglesia, renunciando a todo lo malo y comprometiéndonos con el Reino del Padre.
- Al primer mandamiento del decálogo “amaras al señor tu Dios con todo tu corazón… “El cual es el prologo, el nudo y el desenlace de la santidad.
- A la vocación universal de la santidad, doctrina que ha mantenido la iglesia desde los tiempos apostólicos.
El cristiano que no obstante el mar de sus debilidades, hace lo que puede digna y humanamente para vivir el primer mandamiento de la ley de Dios, esta en el camino de la santidad. Para nosotros Misioneros de la Consolata vivir un bienio de santidad es: Vivir un tiempo de gracia y un prestar atención a actualizar, vivir, y testimoniar el querer de el beato José Allamano: PRIMERO SANTOS DESPUES MISIONEROS. Es Crecer a nivel personal y comunitario. Reafirmar nuestra opción AD-VITAM. AD-PAUPERES-AD-GENTES. Redescubrir y reavivar las características de una espiritualidad propia que hunde sus raíces en la consagración para la misión, prefiriendo a los mas pobres y abandonados y haciendo presencia en toda situación humana donde el mensaje Cristiano todavía no esta presente. Gastando con alegría toda nuestra vida anunciando y testimoniando el evangelio con ternura, con el contacto personal, con una vida fraterna y sencilla, con caridad y valorando a toda persona humana. La santidad de cada misionero debe arrastrar a todos a su alrededor, debe contagiar a otros a ser santos, y desde esa condición de gracia, actuar como misioneros que hemos alcanzado la integralidad, luego entonces seremos “SANTOS-MISIONEROS”, que vivimos la santidad en la misión y la misión en la santidad.
Este bienio es una buena oportunidad para colocar a Jesús como el centro de nuestras vidas y combatir el activismo que nos aleja tanto de Él. Es tiempo para recuperar el valor de la gratuidad y de la humildad, reconociendo que el dueño de la misión nos llama a cooperar con su obra “Llamo a los que el quiso, y ellos lo siguieron. Constituyó a 12 para que se quedaran con él, para enviarlos a predicar”(Mc, 3,13-19).Este bienio es el tiempo de volver para quedarse con lo esencial de nuestra razón de ser “santos misioneros”, colocando en lugar privilegiad: La adoración eucarística, la confrontación con la palabra de Dios, la centralidad de la eucaristía, espíritu de familia, amor a la iglesia, la practica del perdón y la promoción fraterna, la celebración de la vida y de los aniversarios, la realización de el proyecto de vida, todos estos son medios que nos ayudan a la santificación de la vida. |