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La Delegación de Venezuela para continuar unida al camino, desde la profundización y la renovación de la opción por la santidad de vida, llamado personal y comunitario, en este Bienio de Santidad reflexiona desde cada Comunidad Apostólica (Barlovento, Barquisimeto, Carapita, Casa de Formación, Nabasanuka, A.M.V), ofreciendo su granito de arena para contribuir con la santidad de vida que exige la Misión.
Cada Misionero hijo de esta familia “Misioneros de la Consolata” que tiene la misión en la cabeza, la boca, y el corazón, que le impulsa a salir por todo el mundo a anunciar la buena nueva; es autentico misionero si se esfuerza en el camino de la santidad, esfuerzo que pasa a través de la experiencia diaria con Dios, centrado en Jesús Misionero del Padre, en el espíritu de contemplación y acción encarnado en el momento presente y en la realidad concreta que el dueño de la misión le regala (Indígena, Afro, Miserias Urbanas, Formación, A.M.V.)
Todo misionero Santo y en camino de santidad es el que escucha al pueblo que Dios le regala como lugar de Misión, respeta las culturas de las comunidades que acompaña, haciendo comunión con los valores culturales del otro y ayudando a depurar los anti-valores, proponiendo la instauración del reino del padre. El misionero santo es el que esta físicamente con el pueblo así como el “Emmanuel” Dios con nosotros. El que es fermento siendo testimonio de la presencia del reino; es el que vive a Jesús y lo hace presente en lo cotidiano. La actitud evangélica del santo misionero es de la conversión, la actitud apostólica es la de animar para que todos(as), caminemos juntos en la santidad
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