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| Jornadas de Derecho Indígena e interculturalidad |
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| Scritto da Mons. Jorge R. Lugones s.j. | |
Jornadas de Derecho Indígena e interculturalidadDiálogo intercultural y derecho indígena 1º, 2 y 3 de junio de 2007 Les doy una cordial bienvenida en nombre de la Comisión de Pastoral Aborigen de la C.E.A., del quipo nacional: ENDEPA y de esta Iglesia particular de la Nueva Orán, que quiere ser fraterna y misionera. Hoy iniciamos estas jornadas con una mirada de esperanza, reafirmando que Jesucristo Resucitado nos da el Espíritu Santo y nos lleva al Padre, y que la Trinidad es el fundamento más profundo de la dignidad de cada persona humana y de la comunión fraterna (N.M.A. Nº50). Nos propusimos organizar estas jornadas desde este anuncio y desde nuestro compromiso con el Evangelio para servir a la “reconstrucción de la sociedad mediante el acompañamiento del pueblo”, como expresa el objetivo de nuestro Plan de Pastoral Diocesano, surgido de una espiritualidad de comunión y de la corresponsabilidad que nos lleva a valorarnos uno a otros de corazón y a apreciar la riqueza de la unidad en la diversidad, optimizando el diálogo, que nos lleve a generar propuestas, gestos y acciones que aporten principio de solución a diversas dificultades que se nos presentan como desafíos, y muchas veces con carácter de urgencia. Nos sigue interpelando la pobreza y la exclusión que en algunos sectores sociales llega a la opresión, entre ellos a los aborígenes: los que habitan estas tierras desde “el origen”. En nuestra diócesis que abarca todo el noreste de la Provincia de Salta (55000 km2), tiene trescientos mil habitantes, de los cuales la concentración aborigen llega al 13% , subsisten ocho etnias distintas, que no se proclaman simples dueños de la tierra, sino como parte de ella. La Conferencia Episcopal Argentina (C.E.A.) en R20;Bases de trabajo para la Pastoral Aborigen” expresa que: la violencia ejercida contra los pueblos indígenas casi siempre estuvo ligada a la tierra, sin la garantía de la tierra no hay condición alguna de su sobrevivencia como pueblo y como etnias portadoras de culturas originarias. En noviembre del 2000, para el Gran Jubileo los obispos decíamos: “La gran deuda de los argentinos es la deuda social. Todos debemos preguntarnos si estamos dispuestos a cambiar y a comprometernos para saldarla. ¿No deberíamos acordar entre todos que esta deuda social que no permite postergación, sea la prioridad de nuestro quehacer?” La oficia del libro, de la CEA, publicó en el 2006: el libro R20;Una tierra para todos”, donde expresa que: a una década de la incorporación del inciso 17 en el artículo 75 de la Constitución Nacional, que reconoce la preexistencia de los pueblos indígenas, su derecho a las tierras tradicionalmente ocupadas y a otras aptas y suficientes, a una educación bilingüe intercultural, a su propia lengua y cultura y a la participación en aquellas cuestiones que los afecten; los argentinos tenemos una deuda pendiente. Esta deuda es una deuda social, entre otros aspectos de su complejidad. El Barómetro de la deuda social de la Universidad Católica Argentina (UCA) asume como eje central de su definición de la deuda social como déficit del desarrollo humano, lo cual trasciende el aspecto meramente económico del desarrollo y dice que: “entraña un conjunto de dimensiones que corresponden a la ampliación de las capacidades de las personas como posibilidades efectivas de hacer y ser. Esta idea es en esencia la misma que expresa la Encíclica Populorum Progressio, al proclamar como aspiración humana, el hacer, conocer y tener más para ser más. En consecuencia el déficit del desarrollo humano, o sea la deuda social, no consiste sólo en la existencia de una situación de pobreza identificada por los bajos niveles de ingresos de quienes la padecen, sino en una privación de capacidades que llega a ser total cuando se dan condiciones de exclusión”[1]. Hemos constatado en las visitas pastorales de nuestras comunidades aborígenes del norte de Salta la misma tendencia que señala esa misma universidad sobre un relevamiento a informantes sociales comunitarios (RISC). Entre otros indicadores de comunidades aborígenes en la Argentina, han relevado lo siguiente: - La situación social es deficitaria en casi la mitad de los grupos aborígenes estudiados y no tan buena en el resto. - Respecto a su evolución, en dos de cada cinco comunidades la situación social empeoró respecto a los seis meses anteriores. - En el 63 % de los casos se estima se mantendrá igual. Una de las principales causas de esta situación es el traslado o desalojo a zonas carentes de servicios e infraestructura. - Este informe es del 2004 y corresponde a una muestra de 32 comunidades localizadas en las provincias de Chaco, Chubut, Formosa, Jujuy, Mendoza, Misiones, Neuquén, Río Negro, Santa Fe y Salta. Además este informe señala que la configuración de la pobreza de las comunidades estudiadas observa varios déficit en el espacio de la subsistencia (alimentación, nutrición, vivienda, abrigo) y en el espacio de la integración social (empleo, condiciones laborales, participación política-social). Esto que hemos escuchado no corresponde al designio del amor de Dios hacia los seres humanos; ni es signo de que vivamos en comunión con Dios: No nos estamos esforzando por logra el bien de todos y de cada uno. Esta situación es un clamor por la justicia e integración intercultural. Para los cristianos esta agresión directa al prójimo es un pecado social, es social todo pecado contra la justicia en las relaciones entre persona y persona, entre la persona y la comunidad, y entre la comunidad y la persona, entre comunidades. Es un pecado contra el bien común[2]. Ante esta situación la iglesia diocesana opta preferentemente, aunque no en forma exclusiva ni excluyente, por los más pobres, débiles, sufrientes, oprimidos y excluidos. Por esto es que ofrece este espacio de encuentro, desde y para una cultura del diálogo, reconociendo la dignidad e identidad de los pueblos indígenas, sabiendo que la reflexión, el compartir, el estudio y el recrearnos juntos, que ofrecemos en estos tres días, nos permitirá una toma de conciencia y aportar a la transformación de la relaciones sociales, según las exigencias del Reino de Dios, proceso que desde el Evangelio nos está confiada como comunidad cristiana. En este caso tanto a profesionales y autoridades, actores sociales, empresarios y a los propios indígenas organizados. Apelo a la justicia en los derechos e integración cultural de los indígenas para caminar hacia R20;una justicia demasiado largamente esperada”, para que la deuda social la empecemos a achicar entre todos; pero sobre todo apelo a la caridad, entendiéndola no sólo como disposición personal a favor de los que están próximos, sino como valor y criterio supremo y universal de toda ética social. Caridad que predispone y trasciende la justicia y la política y procura el Bien para la comunidad en su conjunto. Ninguna legislación, ningún sistema de reglas o de estipulaciones lograrán persuadir a los hombres y pueblos a vivir en la unidad, en la fraternidad y en la paz, ningún argumento podrá superar el apelo a la caridad[3]. Finalmente apelo al valor y a la apertura esperanzadora del diálogo. El movimiento mismo del diálogo entre el Evangelio y las culturas reclaman un lenguaje comprensible, donde el rostro de nuestro mensaje comprenda las notas de la projimidad: el encuentro, el respeto, la cercanía, la sinceridad, la gratuita acogida del otro. Esta apertura nos dispondrá siempre a la difícil pero imprescindible tarea de la reconciliación. Tarea profundamente humana pero siempre pendiente del don gratuito de Dios: su gracia y su bondad, su misericordia y su perdón, desde el inconfundible principio Trinitario, donde la donación de sí se vuelve vida del otro, un diálogo que se vuelve alabanza y gloria de su nombre. Les deseo un muy buen trabajo para que lo puedan llevar y compartir en sus profesiones, comunidades, en sus familias. Agradecerles su respuesta a nuestra invitación. Agradecer también a ENDEPA y a todos los agentes de pastoral de nuestra diócesis que han hecho posible estas primeras jornadas de diálogo intercultural y derecho indígena. ¡Sean todos muy bienvenidos! Mons. Jorge R. Lugones s.j.
Obispo de la Nueva Orán [1]U.C.A. Barómetro de la deuda social Argentina, Nª 1. 2004 [2] CDSI Nº118 [3] Ibid, VIII |
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