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Comunicación intercultural para IMC es un camino hacia la santidad PDF Stampa E-mail
Scritto da P. Peter Kariuki, imc   
INTRODUCCIÓN

La oportunidad de reflexionar y compartir sobre nuestra espiritualidad como misioneros de la Consolata es precisa y de inmenso valor para nuestro instituto. Me da mucha alegría leer lo que los hermanos van compartiendo en este bienio de la santidad. No creo que nuestro fundador este muy feliz con el bienio de la santidad si esta reflexión termina en dos años porque para él la santidad fue una necesidad fundamental antes de quehacer misionero. Así nuestra reflexión debe ser un ejercicio continuo y no temporal.

Quiero añadir mi granito de arena en este tema desde dos puntos de vista: la norma fundamental de José Allamano y la necesidad de una comunicación intercultural. Nuestra espiritualidad debe ser siempre inspirado por el carisma que nos dejó el beato José Allamano porque es la idea primordial de la que nace la obra del arte, la palabra mágica que llama las cosas de nada. Antes de convertirse en la norma escrita, existe como “visión” abierta a Dios y al mundo. Justamente por esta cercanía con el absoluto, el carisma es el envoltorio de un ideal digno de vivirlo hasta el final. “Os quiero así”, decía José Allamano a los suyos. Y les indicaba las cumbre de la santidad y de la dedicación total a la misión, sin un antes ni un después, porque el ideal no sabe de partes.(Véase, Giovanni Tebaldi. 100 años de vida misionera p. 33.) La norma que puede ser tenida como síntesis fundamental en la pedagogía de José Allamano es: “El bien hay que hacerlo bien y sin ruido”.

Mayoría de nosotros queremos hacer el bien muy bien y sin ruido pero existen unos retos que nos piden un trabajo serio. Son unas situaciones difíciles que se imponen sobre la armonía y la toma de decisión de los individuos y la comunidad en general. No son necesariamente malas situaciones sino unos complejos que piden nuestra respuesta concreta para encontrar el camino para seguir adelante bien y sin ruido. Mayoría de los complejos hoy día en nuestra comunidad IMC nacen de la realidad multicultural que vivimos al nivel interno y externo. Para unos de nuestros hermanos, vivir en estas diversas culturas es un gozo, mientras para otros es un mal necesario que deben soportar.

AL NIVEL EXTERNO

Según el anuario de 2007 realizamos nuestras actividades en 26 países del mundo. Tenemos trece obispos, 30 misioneros en la casa general en Roma, Italia, 25 en la región de la Amazonía en Brasil, 40 en Argentina, 75 en el resto de Brasil, 112 en Colombia, 51 en la República Democrática de Congo, 10 en Corea, 14 en costa de Marfil, 33 en Etiopia, 187 en Italia, 164 en Kenya, 58 en Mozambique, 29 en Estados Unidos, 30 en Portugal, 13 en España, 12 en Sudáfrica, 65 en Tanzania y 18 en Venezuela. Esta realidad indica un encuentro tremendo con las culturas del mundo. Lógicamente este encuentro tiene sus exigencias espirituales y nos pide unos arreglos muy precisos en nuestra vida. No nos pide gritos, lagrimas o insultos sino una estrategia bien diseñada para hacer el bien muy bien y sin ruido. En América latina por ejemplo, nos encontramos con unas culturas muy especiales como la de los afrodescendientes y los indígenas. Han tenido una trayectoria histórica trágica y los misioneros que trabajan con ellos solo saben lo que cuesta para llegar al corazón de esta gente. Nos encontramos también en culturas de violencia, narcotráfico, mercados, urbanas, pobreza extremo etc.

AL NIVEL INTERNO

Recordamos que nuestra familia ha engendrado hijos de muchos países del mundo. Tenemos una diversidad cultural inmensa. 23 de nosotros son argentinos, 49 brasileños, 10 canadienses, 87 colombianos, 5 surcoreanos, 1 salvadoreño, 1 de Eritrea, 16 etíope, 1 inglés, 424 italianos, 171 Kenyotas, 1 marroquí, 19 de Mozambique, 60 portugueses, 44 de Congo, 25 españoles, 29 de Tanzania, 8 de Estados Unidos, 15 ugandeses, 1 uruguayo, y 5 venezolanos. El instituto tiene 871 miembros. Pertenecer a un país no dice todo sobre la diversidad cultural. Por ejemplo, Kenya tiene 49 comunidades y cada una con su dialecto y cultura. Los 171 misioneros de Kenya pueden tener más que veinte culturas diferentes. Somos una comunidad supremamente multicultural y debemos buscar todas las herramientas para desarrollar la interculturalidad. Seguramente respetar, apreciar y mirar la riqueza cultural que tenemos como un patrimonio puede ser la piedra angular para fortalecer nuestra santidad. Eso puede ser posible si realizamos lo que se llama la comunicación intercultural.

COMUNICACIÓN INTERCULTURAL

La comunicación intercultural no se limita en los chistes intercambiados en los momentos de almuerzos, cenas o tintos. Tampoco se limita a los paseos hechos juntos o el intercambio de los chismes comunitario. Comunicación intercultural tiene que ver con el corazón abierto que busca a respetar, aceptar, vivir y aprender del otro sabiendo que él es un ser individual que lleva una cosmovisión adquirida en el ceno de su familia y cultura. Esta cosmovisión no es la palabra de Dios porque siempre recibirá nuevos elementos de las otras culturas. El proceso de comunicación intercultural se encuentra con varios problemas o si quiere tentaciones. Análisis de estos problemas o tentaciones en nuestro contexto como misioneros de la Consolata nos puede ayudar a profundizar nuestra espiritualidad.

TENTACIÓN DE SOBRE-GENERALIZACIÓN

Miguel Rodrigo Alsina. En su libro “comunicación intercultural” Rubí(Barcelona): Anthropos Editorial, 1999. P 64. Cuenta que en cierta ocasión le preguntaron al escritor británico Chesterton que opinaba de los franceses. Se cuenta que Chesterton contestó simplemente: “No los conozco a todos”.

En nuestra vida cotidiana solemos hablar de los italianos, los africanos, los colombianos, los kikuyus, los luos etc. Con harta frecuencia a la hora de hablar de estas agrupaciones utilizamos estereotipos que poco tienen que ver con la realidad, que es mucho más compleja. Estereotipos como los kikuyus son negociantes, le gustan plata, son tramposos... Cuando hablamos de esta manera en muchas ocasiones hacemos sobre-generalización. Esta sobre-generalización nos permite una economía mental, ya que el estereotipo preconcebido facilita la explicación de la realidad. (Miguel Rodrigo 64.) Cada vez cuando me encuentro con un Kikuyu en mi mente ya sé que aquí tengo un negociante que ama plata y me puede hacer una trampa. Los siete millones de los kikuyus que viven en Kenya quedan condenados para siempre en mi mente.

Tal actitud hace daño a la santidad tanto del individuo como de la comunidad. Dios nos ama personalmente. Nos conoce cada uno por su nombre y no solo como multitud. “Antes de formarte en el seno de tu madre, ya te conocía: antes de que tu nacieras, yo te consagré, y te destine a ser profeta de las naciones.” Jeremías 1,5. Es bueno purificar nuestras actitudes y considerar a cada persona en su dignidad y dones que Dios ha creado en ella.

¡Ojo! Cuando una persona se pierde en los estereotipos, la investigación para descubrir el sentido de las cosas se vuelve innecesario. El estereotipo nos permite explicar hasta lo incomprensible: “Ya sabe... los portugueses, los españoles, los kambas son así.” Lo que caracteriza, la mayoría de veces, la comunicación intercultural en nuestro instituto es el desconocimiento que se tiene sobre la otra cultura. ¿Que diría José Allamano en esta situación? ¡No lo sé! Porque él ya murió pero pienso que tal actitud es muy desafortunada y nutre ignorancia y prejuicios y obstaculiza el crecimiento espiritual de toda la comunidad. Si no existe un dialogo respetuoso tal estereotipo puede dañar la convivencia fraterna. Jesucristo vino a dar testimonio a la verdad. Tenemos que buscar la verdad todos los días para obrar bien y crear la fraternidad. El beato José Allamano esta contra la ignorancia. Dice “A un misionero no le basta la santidad se necesita también la ciencia... El misionero ignorante es un verdadero monigote de tristeza y de amargura incluso para el instituto. Un misionero sin conocimiento es una lámpara apagada... El fin de nuestros estudios es nuestra santificación y el ser útiles al instituto y a las misiones. (L. SALES, La vita Spirituale, p. 196) Un misionero ignorante culturalmente se adueña de los estereotipos que le hace amargar y llevar tristeza a la vida de los hermanos y el rebaño de Dios.

TENTACIÓN DE SOBREDIMENSIONAR LAS DIFERENCIAS

Que existen muchas culturas en IMC no debe hacernos caer en el error de sobredimensionar las diferencias culturales. Eso puede ser muy peligroso para nosotros que mezclamos cuatro o cinco culturas en la misma casa religiosa. Cada uno de nosotros utiliza un punto de referencia para establecer relaciones del tipo “es igual a”, “es diferente a”, “es similar a”, etc. Un colombiano busca amistad con los demás desde su formación cultural. En los contactos interculturales es muy frecuente utilizar el método comparativo para describir nuestra experiencia. Así se viene a establecer lo que es común y lo que es distinto. ¡Ojo! En la comunicación intercultural se puede dar la tendencia de construir a “el otro” distinto. Eso pasa cuando se destaca sobre todo las diferencias. Una mirada superficial sobre otras comunidades de vida sólo puede, generalmente, proporcionar una visión diferenciadora. A medida que se va profundizando es cuando las similitudes, inherente a los seres humanos, se ponen de manifiesto. Me acuerdo en el seminario teológico de Nairobi Kenya, éramos de los países de Europa, América latina, y Africa. Al comienzo cada grupo era como una isla y nos criticábamos terriblemente. Después de un semestre, la situación cambió y cada uno buscaba amigos sin fijarse en razas o orígenes. Surgió la idea de celebrar nuestra diversidad cultural. Eso nos ayudó a conocer más las otras culturas y cada mes nos llenábamos con mucha alegría.

¿SOMOS IGUALES O DISTINTOS?

Decía un profesor en el instituto filosófico de Nairobi, “Yo no soy como la gente de mi pueblo donde vivía hace treinta y cinco años, pues ahora yo sé pensar” El profesor se olvidaba de que él piensa de una manera y los humildes de su pueblo en otra manera de pronto con cabezas más frías que él profesor.

Lo más probable es que somos iguales y distintos al mismo tiempo. Al nivel más profundo hay elementos que indican que somos iguales como por ejemplo todos sufrimos un proceso de socialización en una cultura determinada. Somos iguales en nuestra búsqueda de la verdad y superación personal. Todos sentimos dolor y alegría. Tenemos el deseo de amar y ser amado etc. También somos distintos porque esta claro que la cultura que hemos sido socializados propicia que tengamos determinados pensamientos, sentimientos y comportamientos semejantes, en ocasiones, y diferentes, a veces, de los de personas socializadas en otras culturas. Puede ser que por mi cultura, me gusta bailar y cantar para adorar a Dios mientras el otro por su cultura le gusta cerrar los ojos y arrodillarse. Dios nos aprecia lo igual y lo mejor es buscar la manera para combinar las dos oraciones.

TENTACIÓN DE IGNORAR LAS DIFERENCIAS.

En la comunicación intercultural, uno puede caer en la tentación de ignorar las diferencias. Situar las diferencias a un nivel superficial no significa que no sean importantes. Son importantes a partir del momento que pueden obstaculizar la comunicación intercultural. Es una mentira decir que el otro es ciento por ciento igual que yo porque ni siquiera mis hermanos que comparten mi cultura y mi sangre pueden llegar a este nivel. La forma de superar este obstáculo consiste en estar atento también a las similitudes. En un segundo momento relativizar la importancia de estas diferencias porque cada uno es cada uno. Por último el ahondar en el sentido profundo de las diferencias. Por ejemplo, ¿Por qué unos kenyotas se alimentan bastante en la noche y unos italianos comen algo ligero en la misma hora? La cena tiene una historia larga en muchas comunidades de Kenya y uno puede escribir un libro en eso. El italiano tendrá su larga explicación también. Es posible que así descubramos que su sentido profundo sea semejante al de la cultura propia.

TENTACIÓN DE UNIVERSALIZAR A PARTIR DE LO PROPIO Y NO DE LO COMÚN

Universalizar a partir de lo propio y no de lo común existe en nuestra comunidad. Es considerar que mi modelo, puede ser europeo, latino, africano o asiático es el modelo universal de evolución histórica. A partir de este criterio, los demás pueblos estarían en los estadios sospechosos. Lo que se hace es utilizar categorías establecidas por una determinada cultura para explicar otras culturas. Eso ha pasado en la evangelización y en la vida comunitaria.

En la vida personal, uno puede entrar en esta trampa de universalizar desde lo propio sin darse cuenta del error. Me llama mucha atención lo que señala Maturana, “Considero que el mayor peligro espiritual al que una persona se enfrenta en su vida es creer que es el poseedor de algún conocimiento trascendental o el propietario legal de alguna entidad, o acreedor meritorio de alguna distinción, etcétera, porque inmediatamente se vuelve ciego respecto de su circunstancia y entra en el callejón sin salida del fanatismo. Considero también que el segundo peligro espiritual más grande al que una persona se enfrenta en su vida es creer en alguna manera u otra, que no siempre es responsable de sus actos o de sus deseos o de no desear las consecuencias de ellos. Finalmente considero también que el done más grande que la ciencia nos ofrece es la responsabilidad de aprender, libres de todo fanatismo, y si queremos, cómo ser siempre responsables de nuestras acciones a través de reflexiones recursivas acerca de nuestras circunstancias” (Maturana, H.R. La ciencia y la vida cotidiana: La Ontología de las explicaciones científicas. 1994. Que el beato Allamano nos ayude a interiorizar este camino.

CONCLUSIÓN

Como puede apreciarse, la comunicación intercultural se sitúa en el delicado equilibrio entre lo universal y lo particular, entre lo común y lo diferente. De hecho, la comunicación intercultural nos empele a aprender a convivir con la paradoja de que todos somos iguales y todos somos distintos. Profundización de este tema es algo urgente para los misioneros de la Consolata hoy. Eso porque en todos los rincones, nuestra comunidad se encuentra metida en muchas culturas tanto al nivel interno como externo. Una buena comunicación intercultural fortalecerá el amor, armonía y una espiritualidad sana en la comunidad en general y en cada persona. Hasta sí el instituto se divide en provincias, el tema de comunicación intercultural siempre será valido porque vivimos en un mundo donde el interés por la comunicación intercultural va en aumento. Unos indicios que apuntan a este camino son: el incremento de los movimientos migratorios, facilidades en el transporte que favorece los contactos con personas de distintas culturas, la globalización del economía y la comunicación rápida, estado-nación esta dejando de ser el principal referente político, los conflictos interculturales parecen multiplicarse en la geografía mundial etc. Que IMC tiene muchas culturas no es un mal sueño en la noche sino es un fenómeno en aumento en todo el mundo.

A pesar de muchas sombras en el camino, nuestro instituto ya esta dando testimonio de una comunicación intercultural muy interesante. El proceso de conformar fraternidad desde una comunidad multicultural es doloroso sin ninguna duda. A veces uno quiere retroceder y esconderse entre los “míos” pero recuerda que el dolor que nos trae la comunicación intercultural es santificante a los hermanos IMC y también a los que están en nuestro alrededor. Comunicación intercultural es una novedad que tenemos que descubriendo para nuestro bien y de toda la humanidad que tanto la necesita.

Nuestra Señora de la Consolata. Ruega por nosotros.


P. Peter Kariuki, imc
Delegado Pastoral Afro Arquidiócesis de Cali (Colombia)

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