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Argentina: Los comienzos de nuestra presencia Stampa E-mail
Scritto da P. Alessandro Busnello, imc   
ImageLa Virgen Madre de Dios, en su advocación de Ntra. Sra. de la Consolata, es patrona de la ciudad de Turín y de la región de Piamonte, en Italia.

Ella no esperó que sus hijos los misioneros y misioneras de la Consolata trajeran su devoción a la Argentina. Se anticipó a la llegada de ellos al país, acompañando a tantos otros hijos que emigraron, desde Piamonte, a esta tierra de grandes esperanzas, a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, y se afincaron especialmente en las provincias de Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires y Mendoza. Imponentes santuarios dedicados a Ntra. Sra. de la Consolata fueron levantados por aquellos inmigrantes en las primeras décadas del ‘900 en Sampacho (Córdoba) y en la Capital Federal (Av. Donato Alvarez).

Sin embargo el corazón de la devoción a la Virgen Consolata se instaló especialmente en la zona este de Córdoba y oeste de Santa Fe con epicentro en el departamento San Justo y ciudades de San Francisco y Rafaela donde hubo mayor concentración de inmigración piamontesa.

Los Comienzos

El 29 de enero de 1901 un insigne sacerdote de Turín: José Allamano (que ha sido beatificado por el papa Juan Pablo II en 1990) decidió dar comienzo a un instituto Misionero de sacerdotes y hermanos para evangelizar a los pueblos de África especialmente en el gran altiplano de Etiopía. Quiso darle a su instituto el título de la Consolata de cuyo santuario, en Turín, era rector desde hacía muchos años ( y seguiría siéndolo hasta el final de su vida en 1926).

En 1909, inspirado, también, por el papa San Pío X, fundó la rama femenina del instituto con la misma finalidad y con el mismo nombre de Misioneras de la Consolata.

Por una infinidad de razones no fue posible dar comienzo a la acción misionera en el anhelado territorio de Etiopía, por ende el primer grupo de 4 misioneros de la Consolata dio comienzo a su labor apostólica en el Kenya en 1902.

Del Altiplano a la Pampa

El sueño de Etiopía pudo realizarse desde 1916 incrementándose rápidamente. En 1936 Italia invadió a ese país ocupándolo hasta la segunda guerra mundial que perdió, provocando, así, la expulsión de todos los italianos incluyendo a los misioneros de la Consolata.

Image Una gran cantidad de misioneros que quedaban “desocupados” y el fuerte interés del papa Pío XII por América Latina hizo madurar el proyecto de enviar a los misioneros de la Consolata a la Argentina. No era la primera vez que se pensaba en eso. Los italianos, en Argentina, eran “legión” y muchos, entre ellos, eran piamonteses. La misma revista italiana del instituto contaba, en la Argentina, con 1397 suscriptores en 1935. Algunos sacerdotes italianos que habían acompañado a sus compatriotas en la migración, mantenían contacto con el instituto ya desde los años ’20 invocando la venida de los misioneros a este país.

El proyecto cuajó recién en 1946. Fue el Cardenal Caggiano, arzobispo de Rosario que los aceptó primero en su diócesis más bien como “predicadores de misiones al pueblo” que como personas experimentadas en la labor de “primera evangelización”. Por esa razón los asignaba en apoyo a otros sacerdotes de la diócesis con una cierta insatisfacción por parte de los que habían venido con grandes anhelos apostólicos.

Primeros pasos

Fueron cinco los primeros misioneros que llegaron al país. P. Mario Viola que había nacido en Realicó (La Pampa), pudo adelantarse a los demás por su ciudadanía llegando a Buenos Aires en septiembre de 1946. Los otros (P.P. Borello, como superior del grupo, P. V. Rossi, P. A. Cavallin y Hno. G Accastello) le alcanzaron, en Rosario, el 24 de enero de 1947.

Luego de mucho insistir lograron convencer al Card. Caggiano de que necesitaban una sede autónoma. Fueron asignados a la parroquia de María Teresa (Santa Fe) el 17 de marzo de 1947. En seguida tomaron contacto con 700 suscriptores de la revista Missioni Consolata. Vale la pena señalar que aquí mismo, en María Teresa, nacerá la revista argentina “Misiones Consolata” el 1 de enero de 1951.

Ya en los primeros meses de 1947 el obispo de Resistencia: Mons. N. De Carlo, enterado de la presencia en el país de los nuevos “misioneros” les ofrece una tarea “mucho más adecuada a su carisma” en el territorio nacional de Formosa con sede en Pirané. También Mons. N. Fasolino, arzobispo de Santa Fe les ofrece la parroquia de Pte. Roca.

Para el mes de mayo de 1948 el número de misioneros de la Consolata presentes en el País suma 16 repartidos entre Rosario, María Teresa, Pirané, Colorado, Bartolomé de las casas, Fontana, Ibarreta y Pte. Roca. Es así que los encuentra, en su visita canónica, el Superior General P. G. Barlassina.

Antes de 1950 ya había misioneros “adelantados”, a título experimental, en San Francisco (Córdoba); Merlo (Buenos Aires) Rivadavia (Mendoza) Machagai (Chaco).

En el mes de marzo de 1950 el nuevo Superior General P. D. Fiorina visita a sus misioneros de la Argentina acompañado por la Superiora general de las Hermanas: Madre María de los Ángeles. Entre otros logros, esta visita produjo la decisión, muy solicitada también por Mons. De Carlo, de enviar a las hermanas misioneras de la Consolata a la Argentina. Las primeras cuatro llegaron el 4 de marzo de 1951 para la sede de Florida (Buenos Aires); otras cuatro, para Pirané en octubre del mismo año.

Image La actividad de los misioneros estaba asumiendo dos fisonomías algo distintas: con un carácter marcadamente apostólico en el norte y con mayor atención a la animación misionera y vocacional en el centro donde había mayor concentración de inmigración italiana. La consecuencia más inmediata de esta realidad, que se fue agudizando entre 1950 y 1960, fue la crónica escasez de personal en el norte a favor de la zona central. Ya en 1950 el desequilibrio resultaba notable: el norte contaba con 8 misioneros para 8 localidades autónomas y muy alejadas entre sí; el centro del país contaba con dos localidades autónomas y once misioneros disponibles.

En 1957 el flamante primer obispo de Formosa Mons. P. Scozzina empezó muy pronto a lamentar el “excesivo aislamiento de los misioneros” hasta que, al comenzar la década del ’60, la situación geográfica del Instituto, en el país, se veía radicalmente modificada: en el norte quedaban a nuestro cuidado: Pirané, Palo Santo y Machagai, atendidas por cinco misioneros; mientras que el centro del País contaba con 7 centros: San Francisco (Córdoba), Rosario y Presidente Roca (Santa Fe), Basavilbaso (Entre Rios), Merlo y Paso del Rey (Buenos Aires), y Mendoza, con 18 misioneros en actividad.
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Nell’attesa della sua venuta

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La opción por el pobre después de Aparecida: Confirmación, desafío, y búsqueda
INTRODUCCIÓN
 
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Primero: mostrar cómo Aparecida tiene el inmenso valor no solo de confirmar ( G. Gutiérrez emplea el término de reafirmar) el valor y el sentido de la Opción por el Pobre, expresión que empezó a utilizarse en la Teología desde la Conferencia de Medellín y que popularizó y divulgó la Teología de la Liberación, sino sobre todo, de poner un punto final a las discusiones, ambigüedades, diversidad de interpretaciones que suscitó esa expresión y sobre todo de mostrar el valor fundamentalmente evangélico de la manera de pensar y de actuar que conllevaba la práctica de esta Opción por el pobre.
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