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Colombia: “Ir a predicar me llenó mucho más” Stampa E-mail
Scritto da Blanca Eugenia Giraldo - LA PATRIA   
Foto/Pablo Antonio Giraldo/LA PATRIA Es oriundo de Kenia y amante del vallenato y la salsa. Dice que para lograr la paz se necesita el compromiso y la unidad de todos. Su familia es su mayor riqueza. Certeza.

Una de las tareas que tiene la comunidad de los Misioneros de La Consolata es la de formar a las personas en la fe, y es en este campo que ese grupo de apóstoles se propuso fundar un plantel educativo donde antes funcionaba el Seminario.

Por este motivo el provincial de la comunidad y el misionero George Kibura Njuguna, llegaron a esta ciudad para inaugurar la institución en compañía de la comunidad educativa del nuevo colegio.


La celebración tuvo como acto central una eucaristía, concelebrada por varios sacerdotes de la congregación, entre ellos el padre George que sobresalía no solo por su color sino por el acento al hablar, demostraba que era oriundo de otro país.

Por eso cuando llegó la hora de rezar el Padrenuestro el sacerdote lo hizo, primero en swahili o kiswahili, el idioma oficial de Tanzania, región cercana a Kenia, su tierra natal; y después la ofrendó en un perfecto inglés. A esta oración se unió el padre Mellino que la entonó en italiano, el idioma de su recordado terruño.

Contacto

Después de la misa el sacerdote Kibura habló con los asistentes, su actitud espontánea, alegre y cercana a los demás lo asemeja a cualquier colombiano de algunas de las dos costas. Habla con tranquilidad y su español se entiende a la perfección, aunque deja entrever que viene de lejos.

Habla de su familia como su mayor riqueza y agradece la formación en valores y las raíces cristianas que fueron elementos clave para que en esta familia fueran muchos sacerdotes. Agrega que tíos, primos y un hermano hacen parte de ese grupo de sacerdotes que compone su familia.

Decisión

Sus estudios universitarios los hizo en Kenia y allí mismo comenzó a trabajar como maestro, comenta que su sueño hasta era conseguir una casa y formar un hogar con la chica más linda de su tierra. No obstante, y a pesar de tener unos objetivos tan claros “no era feliz”, por eso buscó ayuda al párroco de su comunidad.

La idea del sacerdocio nunca pasó por su cabeza, aunque desde pequeño colaboró en las actividades de la parroquia. “Había algo que no me gustaba, los ornamentos que se colocaban porque pensaba que yo no era una mujer para vestirme así”, dice con gracia.

El párroco de su localidad le prestó un libro: Las tribus de Dios. “Fue algo estupendo porque en el libro encontré diferentes comunidades, allí conocí los misioneros de La Consolota, y me gustó el nombre, pero pensé que era una comunidad de religiosas, y tal fue mi sorpresa cuando leí que era una comunidad de misioneros que se entrega para ir a predicar a todo el mundo, eso me llenó mucho más. “Así me di cuenta de que estaba listo para dejarlo todo, hasta el trabajo”.

Colombia

Después de sus primeros estudios religiosos en Kenia, llegó a Colombia, en 1993, para hacer la Teología en la Universidad Javeriana y sin saber una palabra en español.

“Después de tres meses fui conociendo su cultura, aprendí a tomar aguapanela y chocolate, me sentía tan bien en este país que al momento de salir, en 1998, me consideraba un colombiano más”.

Después de su ordenación sacerdotal en Kenia, lo enviaron a Tansania por casi 10 años, le tocó aprender kiswahili, el idioma oficial, además de algunos dialectos. “Este es un idioma con palabras africanas y árabes”, agrega.

De Tanzania comenta que es un país muy pacífico y aunque es muy pobre, la gente es muy querida. “Sea blanco, amarillo o negro le abren las puertas de su casa y de su corazón”, agrega con certeza. También recuerda que en esta tierra fue formador y profesor en el Seminario Mayor y luego estuvo en la casa provincial para trabajar como director de vocaciones en ese país.

Para el padre George la tristeza que sintió cuando se fue de Colombia tuvo su recompensa ahora que de nuevo se encuentra entre colombianos. “Llegué en navidad a Puerto Leguízamo, en la época más linda, porque nos invitan a todas sus celebraciones”, comenta con cierta picardía.

Sobre los problemas que vive Colombia dice que es un tema muy serio. “Yo creo que para la paz se necesita la contribución de todos. Me siento muy triste, porque con tanta oración como un signo de paz, estoy esperando un país más unido”.

Así es el padre George Kibura, proveniente de Kenia, de esa tierra que hoy se encuentra en una situación de violencia que a él también le preocupa; no obstante, su esperanza la tiene puesta en Dios por eso ofrenda su vida a través de la oración y la evangelización.

Concluye su charla con una frase que encierra el sentido de su vocación “me siento pleno y feliz de ser misionero de La Consolata, Dios me sacó como a San Pablo, porque yo tenía todo planeado y la Santísima Virgen le ganó a todas”.

En pocas palabras

Misión: Es una experiencia muy bonita porque la gente es sencilla.

Idioma: Si quiero vivir bien con la gente necesito conocer su idioma para conocer su cultura. Hablo alrededor de siete, pero es para defenderme y pedir agüita cuando estoy en misión.

Francés: Me gusta porque hay muchos libros originales en este idioma, porque cuando se traducen se pierde algo de su esencia.

Música: Disfruto el vallenato sobre todo romántico, además porque el español facilita mucho sentir las emociones y también la salsa, aunque no se cómo bailar.
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