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| Estatuto de los Laicos Misioneros de la Consolata de Europa |
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Aprobado el 10 de febrero de 2008 por la Coordinadora Europea LMC INTRODUCCIÓN Elementos bíblicos Los laicos misioneros de la Consolata fundamentan en la palabra de Dios sus opciones fundamentales: salir “ad gentes” y vida en comunidad en el espíritu. Acogen con júbilo el mandato del señor Jesús: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt. 28, 19-20) para dar a conocer el plan de Dios que desea que todos “para que tengan vida, y la tengan en abundancia“ (Jn 10,10b). Se empeñan en seguir el mandamiento nuevo:”Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado“ (Jn. 15, 12), según el ejemplo de la primera comunidad cristiana en la que todos: “Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión , a la fracción del pan y a las oraciones[...] y tenían todo en común“ (Hech. 2, 42.44b). Elementos eclesiológicos El camino de los LMC se inserta en el surco de la reflexión teológica de la Iglesia que, después del Concilio Vaticano II, entiende como la llamada envío a la Misión sea vocación de cada bautizado y comunidad cristiana. “Los fieles laicos, porque son miembros de la Iglesia, tienen la vocación y la Misión de ser anunciadores del Evangelio; para esta misión son capacitados y comprometidos con los sacramentos de la iniciación cristiana y con los dones del Espíritu Santo” (Christifideles laici, 33). La dignidad bautismal da el derecho-deber a los laicos de “empeñarse, sea solos, como reunidos en asociación, para que el anuncio de la salvación sea conocido y acogido por cada hombre, en cada lugar; esta obligación lo vincula aún más en aquellas situaciones en que los hombres no pueden escuchar el evangelio y conocer a Jesús si no es por medio de ellos” (Redemptoris Missio, 71). Uno de los frutos de la doctrina de la Iglesia como comunión en estos últimos años ha sido la toma de conciencia de que sus diversos miembros pueden y deben aunar esfuerzos, en actitud de colaboración e intercambio de dones, con el fin de participar más eficazmente en la misión eclesial. (…) Las relaciones con los laicos (…) en aquellos Institutos comprometidos en la dimensión apostólica, se traducen en formas de cooperación pastoral. (…) No pocos Institutos han llegado a la convicción de que su carisma puede ser compartido con los laicos. Estos son invitados por tanto a participar de manera más intensa en la espiritualidad y en la misión del Instituto mismo. (…) se puede decir que se ha comenzado un nuevo capítulo, rico de esperanzas, en la historia de las relaciones entre las personas consagradas y el laicado. (Vita Consacrata, 54) I. IDENTIDAD Y FINES DE LOS LAICOS MISIONEROS DE LA CONSOLATA 1. El laico misionero de la Consolata (LMC) es una persona que, en el deseo de responder a la llamada de Cristo en el ámbito de la propia vocación laical, hace de la misión Ad Gentes una opción de vida, compartida con los otros LMC de la comunidad, según el carisma que el beato José Allamano ha recibido de Dios, y comparte en el país de origen y en el de destino el fin misionero del Instituto Misionero de la Consolata, por él fundado. 2. La vocación del LMC tiene naturaleza propia, es complementaria con las otras vocaciones de la Iglesia y es expresión de la llamada de los laicos a estar al servicio del Reino, insertos “en la realidad temporal para orientarla según Dios” (LG 31). Esta no está limitada a un determinado periodo de tiempo, sino que se debe considerar ad vitam. Debe estar sometida a un profundo discernimiento por parte del laico, acompañado del Instituto y de la comunidad a la que pertenece. Necesita ser custodiada y profundizada en el contexto de un camino de formación personal y comunitario. Conlleva un estilo de vida y un testimonio coherente en el que la misión ad gentes sea el criterio de referencia para cada elección concreta. 3. El fin que caracteriza a los LMC en la Iglesia es la evangelización de los pueblos, participando en la misión de Cristo, con una opción prioritaria por el proyecto misionero del Instituto de los Misioneros de la Consolata (IMC ) (cfr. Constitución del IMC, nº 5). 4. Los LMC quieren vivir el carisma y la espiritualidad que el beato Allamano ha dejado en herencia al instituto de los misioneros y al de las misioneras de la Consolata. En el ámbito y en las formas propias de la vida laical, los LMC desean compartir la Misión ad gentes, el espíritu de familia, el amor a María Consolata, el estilo de hacer Misión, la espiritualidad. Este mismo carisma se vive en diversas formas, pero en profunda comunión entre ellos. II. VÍNCULOS ENTRE LMC E IMC 5. La vocación del LMC necesita un sentimiento de “pertenencia” a la familia de la Consolata que constituye el vínculo que une a los LMC y el IMC1. Esto se desarrolla en la cercanía afectiva y efectiva, creando un espíritu de familia y una comunión que enriquece a ambos. Los LMC mantienen por tanto relaciones de comunión y colaboración con el IMC1. 6. La vocación religiosa de los misioneros y de las misioneras de la Consolata y la vocación laical de los laicos misioneros de la Consolata son diversas y complementarias. Los vínculos que existen entre IMC1 y los LMC no determinan por tanto la pertenencia jurídica de los LMC al IMC. Deberes del IMC 7. Con el objetivo de concretar la comunión y colaboración con los LMC, el instituto designa para ello a algunos misioneros de la Consolata con el propósito de : - sensibilizar a las Regiones del IMC para: * Promover y hacer crecer comunidades locales LMC permanentes.
- colaborar en el discernimiento y la formación de nuevos candidatos a LMC.* Favorecer las relaciones de mutuo respeto entre miembros LMC e IMC. * Formar las comunidades locales para trabajar y colaborar con los LMC. * Acoger en espíritu de familia los LMC en misión. - acompañar a los LMC en el camino de acogida, profundización y realización laical del carisma y de la espiritualidad del beato Allamano. - estimular una continua reflexión sobre la Misión ad gentes y sus exigencias. - proponer al laico la colaboración en proyectos misioneros del IMC. Deberes del LMC 8. Por su parte, los LMC deben: • Acoger, profundizar y vivir el carisma del Beato Allamano y su espiritualidad. • Comprometerse personalmente y comunitariamente en el fin misionero del IMC. • Trabajar conjuntamente, según la modalidad establecida de acuerdo con el IMC, en algunos proyectos misioneros. 9. Los vínculos entre el IMC1 y los LMC por otra parte, se construyen en la vida cotidiana, con relaciones humanas de verdadera amistad, con la ayuda mutua, con el ofrecimiento enriquecedor de un testimonio mutuo, compartiendo frecuentes momentos de oración y de vida comunitaria, con el diálogo continuo y sincero, y con un profundo respeto recíproco. Momentos prioritarios serán las celebraciones de la fiesta del Fundador (16 de Febrero) y de la fiesta de María Santísima de la Consolata (20 de Junio). III. VIDA DE LA COMUNIDAD LMC Vida comunitaria 10. Según las enseñanzas del Beato José Allamano, los LMC son una “familia” en la que todos se acogen como hermanos, se interesan los unos por los otros, viven la Misión en unidad de propósitos, evitando cualquier forma de individualismo y personalismo, y compartiendo los gozos, los sufrimientos y las esperanzas. Cada comunidad local LMC escoge una forma concreta de “vida comunitaria” y los medios más idóneos para realizarla. 11. La fraternidad y la comunión en el interior de la comunidad local LMC y entre ésta última y la comunidad local IMC1, son garantías del anuncio eficaz del evangelio y de un auténtico compromiso misionero. 12. La comunidad local LMC establece los principios fundamentales de la vida comunitaria en un ideario, que cada año se concreta en un Programa de encuentros, de oración y de formación. Concreta la propia vocación ad gentes asumiendo uno o más compromisos misioneros. Espiritualidad 13. Los LMC alimentan espiritualmente su propia elección de vida misionera según las enseñanzas del Beato Allamano. Se empeñan, por tanto, en ser discípulos del Señor Jesucristo, en vivir los valores del Reino, desde la realidad social, los empobrecidos y en la búsqueda de la justicia. Hacen del Evangelio un libro propio, buscan la santidad en la vida cotidiana, ven a María como modelo, guía, inspiradora y madre. 14. La comunidad local LMC adopta los medios más idóneos para alimentar la propia vida espiritual, celebración de la eucaristía, encuentros periódicos de oración, retiros espirituales, ejercicios espirituales, lectio divina y otros momentos de espiritualidad misionera. La comunidad local LMC se esfuerza en compartir algunos momentos espirituales con la comunidad local IMC1. Formación permanente 15. Los LMC, en los varios niveles de su organización, elaboran y realizan un camino de formación permanente que profundice en los distintos aspectos de su opción de vida, con contenidos y métodos adecuados. Los protagonistas y responsables de su formación permanente son los propios LMC. El estilo de formación les lleva a una síntesis vital entre contenidos, experiencias y compromisos concretos. 16. La formación permanente en la comunidad local LMC está orientada a: favorecer el crecimiento humano y cristiano de la persona, hacer más vital la adhesión al carisma y a la espiritualidad del Beato Allamano, crecer en la identidad misionera ad gentes y en la capacidad de realizarla en un estilo de vida concreto. Compromisos misioneros concretos 17. Elemento esencial y constitutivo de la vocación del LMC es el compromiso por la Misión ad gentes. La comunidad local LMC elabora y realiza una serie de actividades misioneras concretas y cada miembro, a través de su compromiso personal, colabora en la realización del compromiso misionero de su comunidad. Todos los miembros de la comunidad local asumen dicho compromiso en el país de origen y de forma permanente, realizando en la manera que sea posible, uno o más compromisos misioneros concretos coherentes con aquellos del IMC1 de la región (formación de adolescentes y jóvenes; animación misionera de la iglesia local; acompañamiento de inmigrantes; promoción de nuevos estilos de vida; diálogo interreligioso; comercio justo; recogida de fondos para proyectos misioneros; apoyo económico a los laicos en misiones a través de un fondo gestionado por la comunidad local y por la coordinadora regional LMC). Algunos miembros de la comunidad asumen el compromiso misionero de la propia comunidad también a través de la participación en un proyecto misionero, en el país de origen o en el extranjero, por un periodo de tiempo limitado pero significativo. IV. LOS PROYECTOS MISIONEROS DE LOS LMC 18. Cuando, después de un atento discernimiento personal y comunitario, uno o más LMC se sienten llamados por el Espíritu Santo para partir: o La comunidad local comunica a la Coordinadora regional de LMC la disponibilidad de los laicos,
19. Estas etapas de realización del proyecto misionero son gestionadas en colaboración entre LMC e IMC1, en particular por la coordinadora regional LMC, por la comunidad LMC que los envía y el superior regional IMC1.o La coordinadora regional decide junto con el IMC1 el destino. o La comunidad local prepara un camino de formación adecuado y de preparación inmediata de los LMC que parten (art. 20-21) o Se prepara un “acuerdo de colaboración” formal con todas las especificaciones del caso (art. 22). o Los LMC de la región envían a los laicos que parten, los acompañan y colaboran económicamente en la actividad en la que están trabajando y los acogen cuando vuelven (art. 23-25). Discernimiento y formación para partir 20. La preparación antes de partir de los LMC se desarrolla según algunas etapas: * un periodo de discernimiento y preparación, no inferior a un año de duración, orientado a preparar a los LMC para un inicio positivo en la actividad misionera. * una formación específica para partir, de duración no superior a seis meses, que comprenda el conocimiento del país de destino y posiblemente un curso de misionología; * si es posible la formación específica debe ser desarrollada junto con otros laicos que parten; * un curso de lengua y cultura local, en el país de destino. 21. El discernimiento para partir, se hace junto a la comunidad local por uno o más LMC designados y uno o más misioneros IMC con la asistencia eventual de la coordinadora regional LMC. Cada coordinadora regional de los LMC establecerá los criterios de edad, madurez y preparación a seguir para tal discernimiento. El acuerdo de colaboración 22. El “acuerdo de colaboración” debe hacerse por escrito, aceptado y firmado por los LMC involucrados en el proyecto, por un representante de la coordinadora regional2 LMC y por los superiores regionales IMC1 interesados. Este acuerdo regula la colaboración en cuanto a : * duración del trabajo, no inferior a 2 años. * los términos concretos de colaboración. * la asistencia y el acompañamiento a los LMC comprometidos. * el reparto de los gastos económicos. * la ayuda a los LMC cuando terminen el proyecto. * cualquier otro aspecto útil para la realización del proyecto. Envío, sustento y regreso 23. El envío a misiones del LMC es un evento eclesial que debe celebrarse con la debida importancia y solemnidad, involucrando a la Iglesia local. 24. El sostenimiento de los LMC por la duración del acuerdo de colaboración es gestionado por la coordinadora regional LMC2, en colaboración con el Superior Regional IMC1 implicado, según los términos que establece el acuerdo. 25. Antes de hacer una renovación, es necesario evaluar la experiencia por los propios LMC, por la región que envía y la región que acoge. Una vez evaluado se llegará al acuerdo o no de renovación, firmando un nuevo contrato. 26. El retorno al país de origen es el momento de narrar las obras de Dios y las maravillas hechas por el Espíritu entre la gente y de compartir la experiencia de vida y fe. A su regreso, el LMC, junto a la propia comunidad local y a la coordinadora regional LMC, hace una revisión de la experiencia misionera, es ayudado económica y personalmente en la reinserción, ofrece una colaboración directa a la AMV. Después de la reinserción en la comunidad local, continúa con la vida de la comunidad y sus compromisos, colaborando especialmente en la formación de otros LMC. Colaboración entre comunidades LMC 27. Es preferible que los proyectos misioneros de una cierta entidad sean estudiados, asumidos y realizados junto a más comunidades locales LMC, especialmente las más cercanas. En este caso la responsabilidad de la dirección se le asigna a un grupo formado por un representante de cada comunidad implicada, y la revisión se hace en unión con la comunidad interesada. 28. La responsabilidad de un proyecto misionero, con el tiempo, puede pasar de una comunidad local LMC a otra, sobretodo en el caso de duraciones largas del proyecto en concreto, previo acuerdo entre las comunidades interesadas y con la aprobación de la coordinadora Regional. Si las comunidades pertenecen a países distintos además de la aprobación de las Coordinadoras Regionales respectivas, se necesita aquella de la Coordinadora Continental. 29. Los grupos implicados en sostener un proyecto misionero hacen periódicamente una revisión conjunta del desarrollo del proyecto. V. UNIÓN Y SEPARACIÓN DE LOS MIEMBROS DE LA COMUNIDAD 30. La entrada de un nuevo miembro se produce según las siguientes etapas: 1º- un itinerario previo de formación, que: o puede variar en la forma y en la duración según el lugar y las circunstancias,
2º- una vocación personal a vivir la misión ad gentes según el carisma del Beato Allamano;o incluya un estudio y reflexión sobre contenidos específicos: formación humana, cristiana, teológica, misionera y político-social (derechos humanos, justicia y paz, etc.), además del carisma del Beato Allamano, o debe llevar a la persona a una adecuada etapa de crecimiento humano, cristiano y misionero. o puede coincidir con una trayectoria en un grupo juvenil “de la Consolata”. 3º- un periodo oportuno de discernimiento, conducido por la misma persona, con el acompañamiento de un LMC y/o de un misionero IMC. 4º- la acogida del nuevo miembro por parte de la comunidad local LMC. 31. El camino formativo es de gran importancia. Su duración, las formas y los contenidos son establecidos por cada coordinadora Regional LMC. La comunidad local LMC y su misionero IMC1 de referencia tienen el deber de acompañar dicho camino formativo y de asegurar la idoneidad del candidato, antes de su inserción en la comunidad, tomando en consideración eventuales circunstancias personales de cada candidato. 32. El ingreso oficial de un miembro en la comunidad LMC sucede a través de la asunción de un compromiso personal explícito, celebrado por la comunidad y si es posible por la región, en la forma concreta que cada coordinadora Regional LMC decida. Separación de un miembro de la comunidad 33. Cuando un laico, después de rezar y dejarse aconsejar por alguien prudente, considera que no debe permanecer más, unido a la comunidad, lo comunica personalmente a la comunidad local. 34. En el momento que por razones graves, un LMC no fuese considerado idóneo para permanecer en la comunidad, podrá ser alejado de la misma. La comunidad escogerá a la persona y el modo más adecuado para comunicarle la decisión. VI. ORGANIZACIÓN DE LOS LMC 35. Los LMC tienen una estructura organizativa propia y autónoma. Nivel local 36. la estructura organizativa de base de los LMC es la comunidad local LMC. Las comunidades locales LMC pueden asumir formas y organizaciones diversas, según las diferentes situaciones. La comunidad local es para el LMC el ambiente fundamental de referencia, en donde vivir la propia fe y el compromiso personal por la misión ad gentes, y donde profundizar, compartir y vivir con los otros LMC el carisma y la espiritualidad del Beato Allamano, en fraternidad y espíritu de familia. 37. La comunidad local LMC es acompañada por un misionero IMC, designado por el superior regional. Sus funciones son: o colaborar en el discernimiento y la formación de nuevos candidatos a LMC (art.7 punto 2). o acompañar a los LMC en el camino de acogida, profundización y realización laical del carisma y de la espiritualidad del beato Allamano (art. 7, punto 3). o Acompañar a los LMC en el discernimiento para la partida (cfr art. 21). 38. En el ámbito de la comunidad local LMC, los miembros de común acuerdo, se distribuyen la responsabilidad de los siguientes compromisos: o elaborar y realizar un Proyecto de Vida de la comunidad, que comprenda la dimensión de la vida comunitaria, de la espiritual, de la formación y del compromiso; o realizar compromisos concretos que la comunidad haya escogido; o acompañar el discernimiento: de aquellos que deseen ser LMC, de los LMC que deseen ser enviados a Misión. o participar en la coordinadora regional LMC. Nivel regional 39. La coordinadora regional LMC es el órgano nacional de los LMC. Forman parte un o dos representantes LMC por cada comunidad según la región, y el delegado IMC regional designado por el Superior Regional. La coordinadora regional LMC que lo crea oportuno invita a los encuentros regionales a los misioneros que acompañan a cada comunidad local LMC. La coordinadora regional se reúne con la frecuencia necesaria para desarrollar sus propias tareas. 40. Los deberes de la coordinadora regional LMC son: España (Anexo I, 23-09-06) o coordinar y asegurar las relaciones entre las diversas comunidades locales LMC y con la comunidad LMC de otras regiones; o mantener las relaciones con el delegado IMC continental. o mantener el contacto con los LMC de la Región que se encuentren en misiones; o estudiar y proponer a la comunidad local LMC temas y orientaciones particulares inherentes a su vida, formación y actividad misionera. o Cada región puede añadir otras tareas a la coordinadora regional. 41. El delegado Regional IMC para los LMC tiene las funciones de: o asegurar la relación entre LMC e IMC a nivel de la dirección regional; o facilitar la gestión de las iniciativas de los LMC, especialmente aquellas de colaboración entre LMC e IMC en los proyectos misioneros; o acompañar a los LMC a nivel regional, compartiendo con ellos el carisma, espiritualidad y fines misioneros. Nivel Continental 42. La coordinadora continental LMC está constituida por dos representantes de cada coordinadora regional y del delegado IMC general. Pueden ser invitados a cada encuentro otros miembros del IMC, LMC y MC. Se reúnen con la frecuencia necesaria para desenvolver bien sus propias funciones. 43. Las tareas de la coordinadora continental son: o mantener los contactos entre las coordinadoras regionales LMC y las otras coordinadoras continentales, o armonizar los criterios y la formación para la partida a misión, o favorecer la continuidad de los proyectos LMC en misión, o divulgar la disponibilidad de los LMC que desean partir, o recoger y divulgar las peticiones de LMC por parte del IMC, o promover el estudio y reflexión sobre temas y situaciones inherentes a la vida y a la Misión de los LMC, o organizar y preparar el Encuentro Continental LMC, o favorecer la resolución de problemas entre LMC e IMC en misión cuando sea pedido. 44. El delegado continental IMC para los LMC tiene las funciones de: o asegurar la relación entre LMC e IMC a nivel de la dirección general; o facilitar la gestión de las iniciativas de los LMC, especialmente aquellas de colaboración entre LMC e IMC en los proyectos misioneros; o acompañar a los LMC a nivel general, compartiendo con ellos el carisma, espiritualidad y fines misioneros. Lisboa, 10 de febrero de 2008 Representantes de la Coordinadora Continental: Fabio Limonta, coord. Italia Diego Aguilar, coord. Italia Ana Gasca, coord. España Pilar Moreno, coord. España Teresa Silva, coord. Portugal Iva Costa, coord. Portugal P. Francisco López, cons. Gral Invitados: P. Stefano Camerlengo, vice superior general P. Antonio Rovelli, secr. gral para la misión P. Manolo Loro, del. regional España P. José Matías, del. regional Portugal P. Gian Franco Zintu, del. regional Portugal P. Norberto Louro, sup. regional Portugal Viviana Nunes, coord. Portugal Sor Simona Brambilla, consejera gral MC |
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