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| Argentina: El salto misionero |
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| Scritto da Marcos Andrés Valdez | |
Son difíciles de imaginar los caminos del Señor. Hace casi seis años Padre Sisto Karrau vino a Mendoza, Argentina, a nuestro colegio Nstra. Sra. De la Consolata, con el propósito de formar un grupo misionero. Dimos así los primeros pasos hasta llegar a los encuentros con el grupo misionero del Instituto Pablo VI, de San Francisco, Córdoba. Luego Padre Rafael (Pocho) del Blanco siguió con la preparación de ambos grupos para el gran sueño “la misión a Orán, Salta”. Esta misión se realizó en tres años, 2005, 2006 y 2007. los dos últimos años estuvimos acompañados por Padre Lorenzo Kiarie Gachema. Fue una experiencia de esas que no se pueden olvidar fácilmente… Ahora “no podemos callar lo que hemos visto y oído”.Un nuevo proyecto de misión se nos presenta y es cuando decidimos realizar un retiro de formación para el grupo de jóvenes misioneros de nuestro colegio, sin imaginarnos la envergadura que esto tendría. Sólo pensábamos en buscar un espacio y un tiempo para nosotros y nuestros chicos. La misión 2009 necesita misioneros preparados y convencidos de su vocación. Así surgió la idea. Y esa idea se transformó en lo que fue el Primer Retiro de Formación de Grupos Misioneros IMC-MC. En un principio sólo estábamos involucrados los grupos del Instituto Pablo VI de San Francisco, Córdoba y del colegio Nuestra Sra. De la Consolata, de Mendoza. Pero ya comenzaba a soplar el aliento del Espíritu cuando Padre Daniel Bertea nos propuso abrir el retiro a otros jóvenes del país. Así se sumaron Jujuy y Formosa. Nos pusimos “manos a la obra”, siempre abocados a lo que nuestros grupos necesitaban. Sabíamos de la gran disposición de ellos, pero necesitábamos reafirmar el compromiso. Esto sólo se logra cuando uno tiene una experiencia fuerte de Dios, un encuentro personal con Él; solo así se puede llegar al otro. Y entonces nuestro lema fue “Encontrarnos con Dios es salir al encuentro del Hermano”. Pero, ¿cómo me encuentro con Dios?, ¿dónde? Conociendo su Plan de Salvación, el proyecto de vida que tiene para cada uno de nosotros, descubriendo que somos elegidos para algo especial, sabiendo que ya no podemos dar marcha atrás, escuchando su llamada y respondiendo desde el silencio y el vacío de nuestro corazón, sólo así podemos tener un encuentro personal con Él. El retiro de formación duró siete días. El lugar escogido no pudo ser más perfecto: El Salto, Potrerillos; a los pies de la Cordillera Mendocina. Y fue allí, junto la Río Blanco y con la celebración del agua donde se inició nuestro primer acercamiento hacia Dios y nuestros hermanos: “Gracias hermano por el agua, gracias, Señor por el agua”. Cada jornada comenzaba con la oración de la mañana; luego del desayuno, nos esperaban los distintos espacios de formación. Así se abordaron temas como “vocación y mandato” y “el sermón de la montaña”. La experiencia más fuerte fue la jornada de “desierto”, donde una guía de lecturas bíblicas nos fue llevando poco a poco a encontrarnos con nuestro Padre; en un profundo silencio de corazón. Y es tan grande el gozo de sentir la presencia de Dios dentro nuestro que hay que salir al mundo a anunciarlo; no podemos callar. Y surge otro interrogante ¿a quién? Al prójimo, al hermano, al más lejano pero fundamentalmente al más cercano. A ese que cuesta aceptar, querer, perdonar. Ése es Jesús también. Si nos reconciliamos con ese hermano, nos llenamos de Jesús. Otro momento fuerte, en lo espiritual y en lo físico fue la caminata de tres horas hasta la Cascada del Salto. Un lugar de ensueño para los amantes del paisaje de montaña. Allí no podíamos menos que reflexionar sobre “la transfiguración del Señor”. Esta experiencia no sólo fue un momento fuerte por el esfuerzo físico, sino también por los gestos de compañerismo y solidaridad al ayudarnos unos a otros a cumplir con el objetivo. A esa altura del retiro comenzábamos a vivir “el regreso al llano”. Un acercamiento al documento de Aparecida y a la Redemptoris Missio, iluminados con palabras del Allamano, nos cuestionaron sobre nuestro trabajo personal y grupal y sobre cómo hacer realidad lo vivido en cada grupo. Ya no podíamos negar la presencia del Espíritu entre nosotros. Los aportes de los jóvenes de Jujuy y Formosa nos daban otra visión del trabajo misionero: el de las parroquias. Gracias a todas las experiencias cada lugar pudo armar un plan de acción misionera para este año. Plan que luego mejoraríamos en cada comunidad. Las Eucaristías, los cantos, las oraciones de la mañana, los encuentros, el trabajo personal, las caminatas y hasta las comidas se llenaron del fuego y amor del Espíritu. No estábamos solos. Él estaba con nosotros, “donde dos o más se reúnen en mi nombre, allí estoy yo”. Todo sirvió para alimentarnos del amor de Dios: las charlas, el silencio, el acompañamiento de los sacerdotes, el trabajo personal y el grupal, la naturaleza, el servicio de los “cocineros”; pero especialmente el encuentro con los jóvenes de otras provincias. El intercambio de experiencias, acciones evangelizadoras, anécdotas, proyectos, fue el condimento especial de este retiro. ¿Los resultados? Tendrán que estar a la vista de todos porque lo que llevamos dentro tiene que salir a luz en acciones. Regresamos de El Salto con el corazón lleno del amor de Dios y de nuestros hermanos cordobeses, jujeños, formoseños, mendocinos y kenianos. Ahora es el momento de organizar, planificar, ejecutar. Pero fundamentalmente de agradecer. A Dios, por amarnos como nos ama y permitirnos ser sus instrumentos en su plan de amor; a quienes confiaron en nosotros para organizar este encuentro; a los Padres Lorenzo y Felix y a la hermana Cristiana que nos acompañaron como jamás lo hubiésemos imaginado; a nuestras familias que nos bancan todos los comienzos de enero y a todos los que rezaron por nosotros. Sigamos en este camino porque no hay otro. Él es el verdadero Camino, la verdadera Luz, la única Verdad. Gracias Mamá Consolata por amarnos, protegernos y cuidarnos. ![]() ![]() ![]() |
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