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Argentina: Pentecostés continúa Stampa E-mail
Scritto da P. Juan Carlos Greco, imc   
ImageNo cabe duda que la fiesta del Espíritu Santo nos debe llenar de alegría y animar en el compromiso de iniciar etapas nuevas en el camino de acción pastoral-misionera. Pentecostés, crisol de lenguas, nos debe ayudar a aunar criterios y esfuerzos para con nuestras familias, comunidades y sociedad a que recrear la VIDA, y que ésta reine en abundancia en nuestra historia: los «C&C» (Cambios y Conversión) que en esta fiesta de Pentecostés podemos asumir más. Detengámonos someramente en algunos cambios y conversiones que tal vez necesitamos para escuchar, responder…y seguir soñando.

Cambio cultural


Nos damos cuenta de que no estamos experimentando unos cambios en nuestra época sino que es la misma época la que está cambiando. No estamos enfrentando cambios dentro de la casa cultural en que vivimos, sino constatamos que estamos cambiando de casa.

Este nuevo paradigma nos interpela, nos pide otro tipo de respuestas pastorales, otro estilo de ser discípulos misioneros de Jesucristo.

Para muchos, nuestros deseos desde el Pentecostés de Aparecida, ha sido diseñar un nuevo estilo de vida, de actitudes pastorales y de itinerarios espirituales necesarios hoy. Actitudes de una Iglesia madura y por lo tal misionera.

Cambio Social

El continente latinoamericano va creciendo económicamente. Pero este crecimiento no se traduce en desarrollo incluyente, integral y equitativo. Por tanto, es indispensable que reafirmemos nuestra opción por los pobres. Pero esta opción no basta. Debemos optar también por la evangelización del mundo político, empresarial y el de los capitales, para que en ellos penetre el sentido ético como solidaridad con el otro en necesidad.

Aún en y desde nuestras fronteras de misión vemos un tejido social lastimado y es nuestro deber ayudar a re-componer los lazos y vínculos de fraternidad y de amistad entre todos. Favorecer caminos de reconciliación y perdón, de acercamiento y de miradas nuevas, es el desafío enorme de estos días. El rostro de la misión des-de lo cultural debe ser el DIÁLOGO: entre nosotros, y desde «el nosotros» con la sociedad, la cultura. El mundo nos espera o espera también algo nuevo: Cristo nos continua a decir: «ID». No desde la política (sino desde el Evangelio, por el logro de la paz en los corazones, en las familias, en la nación toda) pero si para participar políticamente (el precio de la carne,el arroz, etc. es política).

Conversión del Discípulo

Reconocemos cuán acertado e inspirado es el tema de discípulos misioneros de Jesucristo para fortalecer nuestra identidad cristiana. A tiempos difíciles, discípulos nuevos. Hacemos alusión a un nuevo sacerdote, un nuevo diácono, un nuevo religioso consagrado y un nuevo laico. Desde Aparecida se toma en especial consideración los procesos formativos de todos estos discípulos frente a los nuevos desafíos religiosos y socioculturales del continente. Soñemos una formación para llegar a crecer como una Iglesia más abierta e inculturada. Una Iglesia de post-Pentecostés no encerrada en nuestros templos. Sea-mos testigos y misioneros en la costrucción de su Reino.

Cambio misionero

El Reino de Dios nos apasiona y nos convoca en América Latina. Cada discípulo desde su ángulo y perspectiva está llamado a servir al Reino comprometiéndose en esos elementos propios de la misión como son el testimonio, el anuncio y el ayudar al nacimiento de otras comunidades; la liturgia, la oración y contemplación; el trabajo por la paz, la justicia y la integridad de la creación; el diálogo interreligioso, la inculturación, el ministerio de la reconciliación, la animación misionera y la acogida de los que re-gresan a la fe católica. Es tanto indispensable identificar bien los destinatarios de la misión como comprometernos con ellos, con opciones claras.

Conversión pastoral

Nuestro anhelo es que podamos diseñar, creativa y comunitariamente, esa nueva pastoral que dé la debida prioridad al anuncio de Jesucristo y a los procesos de iniciación cristiana. Vislumbramos una pastoral de procesos y no simplemente de acciones momentáneas. Tomamos en cuenta la dificultad de los procesos largos, cuando la mentalidad light de corte postmoderno sólo quiere asumir compromisos blandos, sin mucho pasado y sin mucho futuro. Insistimos en que se dé forma a una visión pastoral donde el laico en la Iglesia y con la luz del Espíritu, sea de verdad protagonista en la pastoral y no solo fiel e-jecutor de la misma. Queremos soñar con una pastoral realizada por todos y para todos sin exclusiones para construir la unidad en la diversidad.

Conversión espiritual

Con genuina humildad y con actitud de escucha debemos enfrentar las nuevas realidades. Es la hora del corazón. Es la hora del primado del amor. Es la hora de la imaginación que acompaña las migraciones étnicas e intelectuales y el mundo del diálogo de corazón a corazón, de cara a cara o hasta el virtual -mediante los avances tecnológicos-. Es la hora de la belleza y de la simpatía como caminos para llegar con la verdad de Jesús.

Esperamos que se haga énfasis en cuatro realidades: vida, familia, educación y bien común que, según Benedicto XVI, no son negociables. Tengamos también en cuenta que no diseñamos una respuesta sólo para los adultos sino ante todo para los niños y jóvenes constructores del futuro. La opción por estos últimos debe ser menos intelectual y más afectiva y efectiva. Ellos, con su sed de ideales y de razones para vivir, esperan mucho de nosotros.

La misión es sustancial en el discípulo desde su bautismo, no es un parche o un accidente. El que se busca a sí mismo se pierde. En cambio la fe se fortalece dándola.

Por eso, invocamos más que nunca al Espíritu Santo para que transforme este tiempo "post-Aparecida" en otro maravilloso y continuo Pentecostés.
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Missione Oggi

La Parola di Dio nella vita e nella missione della Chiesa
La mia riflessione sulla centralità della Parola di Dio nella vita e nella missione della Chiesa è anzitutto quella di un pastore, che attinge certamente al suo cammino di teologo al servizio della Verità che libera e salva, ma soprattutto parla in rapporto ai molteplici vissuti umani che continuamente incontra e a cui annuncia la Parola della fede. È tenendo conto di questi vissuti che vorrei articolare le mie considerazioni costruendo una sorta di “menorah” dello spirito, un settenario ispirato al candelabro sacro, che arde nel Santuario di Dio, per aiutarci a illuminare gli scenari del tempo e gli scenari del cuore con la luce della Parola. Partendo dall’attesa della Parola, dal bisogno cioè di una rivelazione che rompa il silenzio del mondo e delle sue solitudini, vorrei riflettere sul Verbo rivelato anzitutto nel suo carattere di buona novella per tutte le solitudini, per fermare quindi la riflessione sull’evento che ha inondato il silenzio dell’intero creato e ha aperta la possibilità della comunicazione trasformante con l’Amore eterno: “Deus dixit!” – “Dio ha parlato!”.
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