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Venezuela: Año vocacional Stampa E-mail
Scritto da P. Claudio Moratelli, imc   
ImageCon alegría nosotros los Misioneros y Misioneras de la Consolata iniciamos en este mes de Junio un año vocacional en nuestra delegación. La celebración de apertura fue en nuestra parroquia San Joaquín y Sant´Ana, en Caracas. Durante este período vamos recorrer todas nuestras comunidades que trabajamos actualmente y las comunidades que pasaron los misioneros en Venezuela desde que se inició nuestra presencia en 1974.

El gran objetivo de este Año Vocacional, y que intentaremos plasmar en nuestras comunidades, es tomar conciencia de que en Cristo todos somos llamados por el Padre para vivir el Evangelio, la Buena Noticia, de Jesús.

Tenemos como tema del afiche: “Venezuela dice Si a ser Discípula Misionera y con una invitación: Joven arriésgate es tu hora.”


El Año Vocacional es un tiempo de gracia para renovar nuestro llamado a la santidad formando parte de la gran familia de los hijos de Dios. Es un año que invita a todos a redescubrir la hermosura y profundidad de la consagración bautismal.

Queremos que este año se inicie un trabajo profundo en nuestras comunidades sobre la dimensión vocacional de la vida cristiana y de toda la pastoral. Deseamos también orar y trabajar intensamente por las vocaciones a la vida consagrada. Las vocaciones serán así expresión de una Iglesia viva, consciente de que es permanentemente llamada a “ser luz del mundo y sal de la tierra”.

Todos estos proyectos y sueños los confiamos a la Madre de Dios. Ella supo ser fiel discípula de su Hijo y con generosidad y sacrificio puso su vida a disposición del plan de Dios: “Hágase en mí según tu Palabra”. Que este testimonio de fe vivido por María nos anime a cada uno de nosotros a ser fieles a la vocación que Dios nos regala y a buscarla y cuidarla cada día.
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Missione Oggi

La Parola di Dio nella vita e nella missione della Chiesa
La mia riflessione sulla centralità della Parola di Dio nella vita e nella missione della Chiesa è anzitutto quella di un pastore, che attinge certamente al suo cammino di teologo al servizio della Verità che libera e salva, ma soprattutto parla in rapporto ai molteplici vissuti umani che continuamente incontra e a cui annuncia la Parola della fede. È tenendo conto di questi vissuti che vorrei articolare le mie considerazioni costruendo una sorta di “menorah” dello spirito, un settenario ispirato al candelabro sacro, che arde nel Santuario di Dio, per aiutarci a illuminare gli scenari del tempo e gli scenari del cuore con la luce della Parola. Partendo dall’attesa della Parola, dal bisogno cioè di una rivelazione che rompa il silenzio del mondo e delle sue solitudini, vorrei riflettere sul Verbo rivelato anzitutto nel suo carattere di buona novella per tutte le solitudini, per fermare quindi la riflessione sull’evento che ha inondato il silenzio dell’intero creato e ha aperta la possibilità della comunicazione trasformante con l’Amore eterno: “Deus dixit!” – “Dio ha parlato!”.
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